Marta Pérez era por aquel entonces una niña de dieciocho años que residía en Ibi, un municipio del interior de la provincia de Alicante, en la Comunidad Valenciana. Con la mayoría de edad recién cumplida, decidió apuntarse a un gimnasio de su localidad natal donde poder adquirir tono muscular y, en definitiva, mantener un buen estado de salud, algo para lo que el deporte juega una papeleta esencial. El 28 de septiembre de 2022 celebraba su primera semana como cliente de este complejo deportivo, recuerda María, su madre, el mismo día que «el dueño» le ofreció tomar un batido de proteínas tras la sesión de entrenamiento; antes de ingerirlo, Marta preguntó qué ingredientes llevaba para corroborar que no era alérgica a ninguno de ellos. Finalmente, aceptó y se lo bebió.
María y Juan, los padres de Marta, la describen como una niña «alegre, simpática, extrovertida, cariñosa y decidida», a quien le gusta mucho «ayudar a los demás y siente una gran pasión por los animales, en especial por sus perros». Una vida plena y con un prometedor futuro por delante debido a su juventud, recién alcanzada la mayoría de edad. No obstante, esa misma vida se empezó a complicar de una forma muy notable tras ingerir aquel batido de proteínas en el gimnasio; rápidamente, esta joven notó que «algo no iba bien» y se desplazó hasta el centro de salud de su municipio natal, donde le inyectaron un fármaco de la familia de los corticoides y le «enviaron a casa». Sin embargo, al llegar a su vivienda, seguía con una notable y exponencial indisposición, que le trasladó a sus padres, y volvieron a acudir a este centro sanitario de Ibi, llamando previamente por teléfono avisando de que iban de camino y estuviesen preparados para atender a su hija.
Enfrentarse a «un calvario»
La entrada en el mismo centro de salud del que Marta había salido hacía apenas veinte minutos la hizo caminando por su propio pie, sin saber que iban a ser sus últimos pasos, previos a estar sentada en una silla de ruedas y a un estado de coma inducido en la Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital Virgen de los Lirios de Alcoy. Tras permanecer en torno a diez minutos en parada cardiorrespiratoria, Marta fue derivada a este complejo hospitalario, donde le trasladaron a María y a Juan las escasas posibilidades de vivir de su hija como consecuencia de aquella reacción alérgica al batido de proteínas, que había derivado en un shock anafiláctico severo. El culpable, finalmente, resultó ser el pistacho: un ingrediente que portaba aquella bebida y a la que esta alicantina resultó ser fatalmente alérgica, pese a que, en un principio, le trasladaron que no contenía este fruto seco.
En la UCI de aquel hospital, los padres de Marta se enfrentaron a un verdadero «calvario» viendo sufrir a su hija y donde las informaciones no eran nada alentadoras; incluso, los propios médicos detallaban que «mi hija se estaba apagando y no le daban la oportunidad de reaccionar«. Marta cada vez recibía más sedación, perdía peso de una manera notable y necesitaba la ayuda de una maquina para poder mantener la respiración. A este diagnóstico, María y Juan agregan los fuertes dolores que sentía su hija, que cada vez eran «más intensos y con la cara más desencajada, pero notábamos que los dolores desaparecían cuando le retiraban la comida artificial«. Marta Pérez estuvo casi un mes entero en la UCI del Hospital Virgen de Los Lirios de Alcoy hasta que la bajaron a planta, pero una infección le instó a volver a tener que regresar a la Unidad de Cuidados Intensivos y a batallar por seguir con vida.
Ver esta publicación en Instagram
Tras esta segunda salida de la UCI y tras intensas y arduas conversaciones con el personal médico de aquel complejo hospitalario, donde María y Juan se han sentido «maltratados, incomprendidos y desalentados», lograron el traslado de Marta a una clínica privada de Valencia para iniciar un tratamiento de neurorrehabilitación. El esfuerzo de estos padres frente a la burocracia y administración ha sido de aúpa, porque a veces parecía un muro infranqueable lograr que la joven Marta continuara recibiendo atención médica. No obstante, conscientes de los pequeños pero significativos signos de mejoría de su hija, han decidido buscar nuevas alternativas terapéuticas para el cuidado, bienestar y tratamientos certeros que permitan recuperar a aquella niña «alegre, simpática, extrovertida y cariñosa«.
Orgullo y esperanza
Las leves mejorías de Marta son una fuente de esperanza para María y para Juan. Es un camino largo, difícil y, en ocasiones, desesperante, pero no pueden decaer ni dejar de confiar en la recuperación de su hija. No lo van a hacer. Como prueba de esta inagotable fe en la recuperación de Marta, su madre, María Verdejo, ha decidido compartir la convivencia con esta discapacidad a través de las redes sociales, un espacio en el que muestra el estado de Marta sin filtros con el objetivo de visibilizar este caso y lograr financiación para someterse a un tratamiento «que puede cambiarle la vida«, que no es cubierto por la Seguridad Social, y que podría mejorarle las conexiones neuronales mediante células madre. Este proceso quirúrgico, actualmente, se plantea en México y tiene un coste superior a los 35.000 euros.

En las plataformas digitales, María, la madre de Marta, enseña a su fiel comunidad de seguidores el estado de Marta, independientemente de los días que esté mejor o peor y las pruebas que deba realizarse, como el tratamiento de deglución, algo que llevaban «mucho tiempo esperando«. Así mismo, entre las acciones más positivas resaltan el poder responder con sonidos al saborear un trozo de jamón york, algo completamente nuevo desde su ingreso, y lograr «mantener su cabeza erguida por unos segundos sin asistencia, un progreso que su familia celebra con orgullo y esperanza», informa ‘La Vanguardia‘. Estos momentos son descritos por su madre como pequeños pasos hacia una mejoría, pero sumamente conscientes que el camino por delante aún es largo y desafiante.




