Natural de Montijo -Extremadura-, Javier Mendoza Moreno es periodista audiovisual, que ha coronado su trayectoria académica con un excelente resultado. Este logro, además, cobra más importancia cuando desvela que presenta síndrome de Asperger, una condición que no le ha impedido cumplir su sueño y trabajar en la que «siempre ha sido mi pasión».
Este ya profesional de la información, que aprendió a leer viendo el popular programa de televisión ‘Pasapalabra‘, comenzó su idilio con la comunicación desde edades muy tempranas, dispuesto a hacer realidad un sueño y a compartir, por qué no, el matrimonio entre discapacidad y periodismo.
Con 26 años, Mendoza es un periodista reputado que habla sin tapujos sobre el síndrome de Asperger, recalcando la importancia de las terapias y tratando de visibilizar esta condición, que comparte similitudes con el Trastorno de Espectro Autista.
Periodista con síndrome de Asperger
En primer lugar, como buen periodista y comunicador, Javier Mendoza aclara que el síndrome de Asperger «no es una enfermedad», por lo que el lenguaje respecto a esta condición es importante: «Me gusta más decir ‘tengo‘ que ‘padezco‘», insiste, en declaraciones a ‘Conexión Extremadura’.
Así mismo, en este mismo programa, Mendoza revela que «hace años» que se eliminó el diagnostico de síndrome de Asperger en base a un manual que tienen los expertos en neurología o ramas de la psicología; desde entonces, esta condición ha pasado a encuadrarse dentro del Trastorno de Espectro Autista, en el nivel I.
Javier, en cualquier caso, fue «diagnosticado antes de ese cambio«, por lo que «personalmente, me considero más Asperger que TEA», detalla. Por ello, como periodista, Mendoza quiere visibilizar este trastorno a través de la información, insistiendo en su reconocimiento y subrayando las dificultades que ostenta.
Precisamente, Mendoza asevera que tiene serias dificultades a la hora de entablar relaciones sociales: «Me costaba mucho saber mirar a los ojos hasta hace nada que he sabido hacerlo», destaca; también «me cuesta mucho mantener una conversación sobre un tema que yo no domino», desvela. El «doble sentido«, por su parte, le genera confusión y trabajo para entender su significado.
El contacto físico es otro de los aspectos que no toleraba, pero que ha trabajado gracias a algunas técnicas de artes marciales. Ahora, desde su papel de periodista, reivindica «la importancia de las terapias, que son imprescindibles, y más para una persona con discapacidad«.
La importancia del diagnóstico
El diagnostico de síndrome de Asperger de Javier Mendoza no fue inmediato. Él mismo revela que, en primera instancia, le comunicaron que presentaba una «macrocefalia benigna por tener la cabeza más grande de lo habitual» cuando era un bebé. «Parecía que iba a explotar, y lo digo literal», recoge.
Desde que nació, prácticamente, ha acudido a terapias, subrayando la importancia que han tenido en su desarrollo. Finalmente, en torno a los seis o siete años, detalla, ya recibió el diagnostico de síndrome de Asperger, que le acompaña desde entonces como un ‘fiel’ amigo y, precisamente, le cohíbe para conocer a más personas.
«Tengo pocos amigos; los que tengo, son los que son y los adoro», confirma. Mientras, seguro de que tendrá la oportunidad de entablar nuevas amistades, Mendoza ha derribado el mito de que «las personas con discapacidad no pueden estudiar en la carrera», obteniendo la titulación en Periodismo Audiovisual.
A través de la información y, especialmente, desde el conocimiento, Javier Mendoza podrá dar la visibilidad que merece el síndrome de Asperger, otorgando el reconocimiento que merece y ayudando a muchas personas, como él, a hablar abiertamente de esta condición.




