Lucas Adlerstein es un ‘tipo’ feliz. También se define como alguien «hipoacúsico» que comparte su vida siendo usuario de audífono y de implantes auditivos, como consecuencia de una discapacidad auditiva que le originó la pérdida de audición cuando era un adolescente de 15 años.
Consecuencia de aquella desagradable sensación, Adlerstein comparte cómo ha sido -y es- su vida desde el diagnóstico de aquella patología que le hizo perder la capacidad de escucha. Lo hace a través de redes sociales y de plataformas digitales, pero también mediante charlas y conferencias sobre discapacidad, divulgando y sensibilizando esta realidad.
Lucas recuerda como el hecho de dejar de escuchar quebró su vida a casi todos los niveles, perdiendo la confianza y la seguridad en sí mismo o afectando a las relaciones sociales. También a la práctica de deporte o a la hora de hacer determinados trabajos. Ahora eleva la voz para demostrar que es «sordo pero no mudo«, como nombra a su podcast.
Plantar cara a la discapacidad para tener la alegría de vivir
Siendo un joven de 15 años, Lucas Adlerstein perdió el sentido del oído. Esa situación le afectó soberanamente a la vida que conocía hasta entonces y planteándole una serie de retos futuros que no podía si quiera intuir como plantarles cara. Cinco años después, recuperó la sensación de poder escuchar mediante un implante auditivo.
Ese accesorio no sólo le devolvió la capacidad de oír de nuevo, sino que le inundó de confianza y le dio las herramientas necesarias para recuperar la seguridad y la «alegría de volver a vivir, hacer y conocer«, tal y como él mismo lo expone en un sincero testimonio. Pero la discapacidad seguía ahí presente, con adaptaciones.
Por ello, a día de hoy ya trabaja bajo el amparo de una premisa fundamental en su vida: «La discapacidad no se cura, se acepta«. Lo hace ofreciendo su testimonio a quienes, con una patología, enfermedad o incluso discapacidad ven limitada su vida y dudan sobre de qué manera seguir avanzando en su vida.
Lucas colabora con un objetivo respecto a quienes le escuchan en sus charlas y conferencias: «Encontrar su lugar y su voz en el mundo, sacándose una gran mochila». Es lo que él hizo debido a la discapacidad auditiva con quince años, que un audífono le permitió adaptarla cuando ya era un adulto de veinte. Hoy es una persona hipoacúsica, pero también feliz.
Alderstein es orador y divulgador de la discapacidad, coach ontológico, Educador No-Formal y Exprogramador y estudiante de Ingeniería Informática. Todos los sueños que parecían haberse esfumado con la llegada de la sordera a su vida volvieron a florecer con la presencia de soluciones a esa discapacidad. También para fundar una ONG sobre la hipoacusia.
Creador de CASACUSIA
Casacusia es una Organización No Gubernamental creada por Lucas Alderstein. En esta entidad se pretende «transitar juntos la hipoacusia«, por lo que se trabaja «para las personas, no para los oídos». El objetivo, por tanto, es acompañar en este proceso para evitar la soledad u ofrecer respuestas a tantas preguntas, así como fomentar una sociedad «más consciente y solidaria«.
Esta organización nace como una respuesta al testimonio vital de Lucas. Él se reunía con personas que habían perdido la audición o con padres cuyos hijos habían nacido ya con esa discapacidad auditiva. O quienes la habían perdido de forma repentina con el paso del tiempo, como había sido su caso.
En una de estas reuniones, le pudo la sensación de querer ayudar a todo quien pudiera y creó una especie de ‘miting‘ en un parque, al que acudieron decenas de personas. Una y otra vez. Personas que querían compartir su historia con otras personas con el propósito siempre de colaborar ante quienes así lo requerían.
Ahora, el fin de Casacusia es «ser el motor de un movimiento inspirador que busque mejorar la calidad de vida de personas con pérdida auditiova y sus familias«, expone el propio Lucas Alderstein, un ‘tipo’ feliz e hipoacúsico.






