La vida de Lucía Loscertales comenzó a complicarse desde una edad excesivamente temprana, derivando en una discapacidad que le iba a acompañar durante el resto de su vida. Sin embargo, evitando ese «tabú» y dándole la normalidad que merece, la mira desde el arista de la capacidad.
Con apenas cinco meses de vida, a Lucía le diagnosticaron una encefalitis vírica, que le paralizó el lado izquierdo del cuerpo y le dejó secuelas severas. A día de hoy forma parte del equipo de recepción del Hotel ILUNION Romareda de Zaragoza, donde comenzó siendo alumna de prácticas.
A lo largo de su experiencia con la discapacidad, Loscertales ha podido comprobar la importancia del entorno para tratar la discapacidad como una mera condición más de su persona. Por ello, ante la impotencia de no poder cambiar las circunstancias, Lucía la aceptó, se adaptó y comenzó a vivir.
La discapacidad no es un ‘tabú’
Para normalizar la discapacidad, el primer paso es hablar de ella sin miedos, tapujos o filtros; no se puede considerar un tema ‘tabú’ que se esquive, sino que se le debe dar visibilidad, reconocimiento y el espacio que merece. Bajo ese comportamiento será posible crear una sociedad inclusiva en ese sentido.
Lucía, trabajadora de la cadena hotelera ILUNION, vive con la discapacidad debido a un diagnóstico de encefalitis vírica cuando era una niña de cinco meses, que le dejó secuelas como la cojera, problemas de movilidad en la mano o problemas de crecimiento. «El cuerpo que yo conozco es el cuerpo que tengo«, señala.
Para darle la naturalidad con la que habla sobre la discapacidad, Lucía siempre ha sentido el apoyo y el respaldo de su familia. «Mi madre siempre dice que soy perfecta en mi imperfección», indica. Motivada por esa idea, esta trabajadora es partidaria de hablar con normalidad sobre su condición.
Loscertales valora que la discapacidad se debe normalizar especialmente en los niños: «No soy un monstruo; soy una persona a la que le ha pasado algo«. Ella misma vivió esta tesitura en el deporte, mediante la gimnasia rítmica, cuando una entrenadora apostó verdaderamente por su inclusión como una alumna más, sin más miramientos.
Con el paso de los años, Lucía encontró en la escalada otra vía de escape y una metáfora de su vida, pautada por la discapacidad y el repentino fallecimiento de su pareja: «Avanzar poco a poco, adaptarse a cada dificultad y entender que no siempre se trata de llegar antes, sino de seguir subiendo«, subraya.
Vivir el ‘aquí y el ahora’
La alumna de prácticas que entró el primer día por la puerta del hotel hoy ya es una mujer que lleva siete años trabajando. Lucía ha encontrado un entorno que le otorga seguridad, confianza y un lugar «donde la discapacidad se vive con naturalidad«, describen desde la cadena.
Del mismo modo, esta empleada no duda en exponer una idea que la hace suya cada día: la importancia de vivir el presente, el ‘aquí y el ahora’ sin pensar más allá de lo que esté a nuestro alcance. «Hay cosas que no se pueden cambiar, pero sí la manera en la que se eligen vivir», recalca.
En ese equilibrio, «entre lo que ocurrió y lo que está por venir», Lucía sigue construyendo su propio camino, recordando a todas las personas que han estado a su lado en los momentos más difíciles de su vida y divulgando que «la discapacidad no es tabú; hay que normalizarla«.






