Dejar «huellas bonitas al caminar» es el objetivo de María Álvarez, una mujer que ha experimentado la maternidad en tres ocasiones. Su legado lo está cumpliendo de forma muy notable mediante la bondad que desprende y se intuye en redes sociales, especialmente en la figura de su hijo Marcos.
Este pequeño presenta una parálisis cerebral y cuadro de sordera, derivado de la anterior condición, que le insta a ser usuario de un implante coclear que le permite escuchar y, en definitiva, sentirse parte del mundo que habita. Esta familia de Madrid está íntimamente hilada a la discapacidad.
La forma en la que María habla de la discapacidad, refiriéndose a su hijo, es un ejercicio realmente impresionante de conciencia, vitalidad y de normalidad. Sabe lo complejo que puede llegar a ser la crianza de un menor con implante coclear, asociada a un problema auditivo derivado de una parálisis cerebral. Pero su amor ha podido -y podrá- con cualquier barrera.
Marcos, un pequeño con parálisis cerebral e implante coclear
No es sencillo, Ni cómodo. Ni siquiera se cuenta con las ayudas necesarias para, en ocasiones, salir adelante. Pero sí es un regalo, aunque sea necesario el paso del tiempo y un cambio de perspectiva para contrastarlo. María Álvarez es la madre de Marcos, un niño que vive con discapacidad y requiere «necesidades muy especiales».
Además, reconoce que «la incertidumbre nos come a veces por dentro», en relación al diagnóstico del pequeño Marcos, asociado a una parálisis cerebral infantil. No obstante, se trata de un pronóstico «muy ambiguo», indica María, «porque puedes tener secuelas muy graves o secuelas más leves«.
Lo cierto es que «sólo el tiempo te dice en qué lugar estás«. El caso de Marcos está relacionado con una pérdida auditiva, motivada por la parálisis cerebral, que le obligado a ser portador de un implante coclear para poder escuchar: primero, en el 2021: y, en el 2023, para su segundo implante. Aun así, antes de esa intervención, este pequeño ya sentía el inmenso amor y respeto de su familia.

Por tanto, ser madre de un niño con discapacidad, para Álvarez es «un duelo, una preocupación, incertidumbre, quebraderos de cabeza que sanaron a golpe de amor«. Pero también advierte que «la luz llega, y llega con la aceptación» de una realidad que nadie quiere asumir y todos quieren esquivar. Pero la vida y el destino ‘mandan’.
Esa «aceptación», por tanto, «llega cuando dejas atrás esas metas que son tuyas, y no son suyas; llega cuando dejas que el amor, que está ahí, presente, simplemente se luzca; llega en ese momento en el que las miradas que escanean a tu hijo dejan de molestar«.
Posibilidades y no limitaciones
Desde el momento en que María Álvarez y su marido recibieron el diagnóstico de Marcos, que recoge una parálisis cerebral y sendos implantes cocleares, decidieron y eligieron «buscar posibilidades y no limitaciones». Esta fabulosa idea no es de sencilla aplicación, pero sí de una valentía extraordinaria, pensando siempre en el pequeño de la familia.
Es una invitación a «apreciar esas pequeñas cosas de la vida que pasan desapercibidas», pero que realmente tienen un considerable valor que merece ser reconocido. Y agradecido. Todo ello, además, se hace desde «una actitud positiva que no nos nubla la vista, no nos niega lo que tenemos; simplemente, nos empodera«, cita.
El secreto de esta memorable familia es «enfocarnos en la solución y no quedarnos en el problema», afirman, intentando sacar un aspecto positivo de cada acción o cada gesto que les rodea, celebrando a través de los ojos de Marcos cada pequeño logro. María y Marcos están unidos por lo más esencial: «El amor más puro y la conexión humana» de una madre y un hijo.






