Nati González (@lamagiademanuyjuani) es la madre de Juani y de Manu. El segundo de estos menores presenta una condición especial: síndrome de Down, un motivo por el que esta valiente mujer decidió abrir una cuenta en redes sociales para mostrar al mundo cómo es vivir con esta discapacidad y, especialmente, cómo se puede aspirar a la inclusión.
Lamentablemente, González ha comprobado en primera persona que el camino para esa inclusión no es tan sencillo como se puede ver desde fuera; cuando la discapacidad hace acto de presencia en nuestra vida, en su caso en la de su hijo pequeño, el mundo se ve de otra manera y, quizá, con menos ‘amor’. Pero hay que seguir.
«Yo voy a estar para sostenerte, cuidarte y recordarte lo increíble que eres», le indica Nati a su hijo Juani, con síndrome de Down. Pero también anhela aquellas «cosas que me gustaría que no dependan de mí», dejando la pelota en el tejado de la sociedad, que pocas veces suele responder mediante la empatía.
Combatir la falta de inclusión de personas con discapacidad
La inclusión no es ningún capricho que ruegan las personas con discapacidad. Es una necesidad para poder convivir en condiciones dignas y en igualdad de condiciones que el resto de la población, al igual que la accesibilidad. Sendos conceptos adquieren una magnitud considerable para aspirar a ser una sociedad plena.
La realidad, de acuerdo con quienes nutren el colectivo de la discapacidad, es bien distinta: «Todavía me cuesta entender cómo puede haber gente tan cómoda en su propia ignorancia como para dirigir odio hacia personas con discapacidad», relata Nati que, en su caso, es hacia un bebé con síndrome de Down.
Precisamente, esa «ignorancia» que menciona González suele ser la raíz de la que florece la falta de inclusión en torno a este colectivo. Por ello, la familia de Manu ha querido compartir cual es su ‘receta’ para cocinar, a fuego lento, el manjar de la inclusión: «Al odio y la ignorancia, amor e información«, unido de la paciencia.
No obstante, los comentarios que recibe mediante redes sociales ha provocado en Nati pensamientos que ni ella misma pensaba que podría experimentar, a pesar de que se siente «absolutamente segura de quién es mi hijo, del amor que lo rodea y de la fortaleza que construimos como familia»; porque «el problema no es lo que digan, sino lo que despierta en mí«.
Pese a ello, esta familia viaja encaminada y con paso firme hacia la inclusión de personas con discapacidad en un mundo que, en ocasiones, es cruel con los más vulnerables debido a los comportamientos de una pequeña parte de sus ciudadanos. Sin embargo, indica Nati, «nada incomoda más a la ignorancia que la verdad bien mostrada».
Libertad de expresión y libertad de agresión
Ante las injusticias, especialmente dirigidas a la discapacidad y al síndrome de Down de su hijo Manu, Nati González reconoce que «me cuesta mucho quedarme callada» porque «tengo un carácter sanguíneo, que soy explosiva».
Aun así, admite que «no me gusta el lugar al que me arrastra esa energía: tener que descender a discutir con personas que confunden libertad de expresión con libertad de agresión, que se esconden detrás de perfiles vacíos y creen que su anonimato es sinónimo de impunidad intelectual».
De la misma manera, concluye que «debatir con alguien que no quiere entender no es diálogo: es un desgaste inútil«. El desconocimiento y la desinformación han dañado mucho el sendero de la inclusión, y esta madre retrata que «creo que estas personas no tuvieron algo ni parecido al amor que recibe Manu».
