Los sistemas de comunicación permiten los diálogos entre dos o más personas. Permiten ser parte activa de la sociedad y mantener una adecuada integración e interacción con el resto de ciudadanos. Sin embargo, las palabras no siempre son la única vía de intercambio de mensajes, especialmente en las personas sordas.
La Lengua de Signos es el mecanismo por el que la comunidad sorda se comunica, indicando que es un derecho que no puede ser vulnerado y una vía de accesibilidad para impulsar la autonomía de este colectivo. Desde la Confederación Española de Personas Sordas -CNSE- se reivindica que «que nuestras lenguas sean respetadas, promovidas y protegidas«.
De este modo, la entidad detalla que «cuando un derecho se pierde, una vida se limita«. Ese es, precisamente, el motivo por el que este sistema de comunicación gestual cobra una importancia tan grande en las personas sordas: «Sin Lengua de Signos no hay Derechos Humanos», reclaman desde la CNSE.
Lengua de Signos para la inclusión de personas sordas
La discapacidad, -auditiva, en el caso de las personas sordas– es un término muy asociado a la inclusión y a la accesibilidad en la sociedad. Sin embargo, estos tres conceptos no siempre van de la mano, por lo que el colectivo que presenta alguna discapacidad suele quedar a merced de su propia autonomía, limitada en ciertos casos.
Fomentar, de hecho, la autonomía, la independencia y el bienestar de personas con discapacidad debería ser una máxima en la sociedad. Desde la Confederación Española de Personas Sordas, en esta línea, subrayan que la Lengua de Signos forme parte «del sistema educativo» para que los niños puedan interiorizarla desde pequeños.
También «en el empleo, en la justicia y en la sanidad», con el objetivo de garantizar «su transmisión intergeneracional, su participación en la vida cultural y su uso en la administración». La entidad persigue el «apoyo institucional real de este sistema de comunicación, «porque un país que ignora sus lenguas se empobrece«, indican.
Por tanto, en temas relacionados con «información, salud, empleo, educación o participación», la comunidad de personas sordas detalla que «la Lengua de Signos puede salvar vidas«. Sólo se debe fomentar su uso y aplicación en la sociedad, apostando por la comunicación accesible.
Así mismo, desde la CNSE insisten en que «no buscamos compasión, buscamos compromiso; no buscamos promesas, sino políticas reales; no buscamos reconocimientos vacíos, buscamos cambios«. Las personas sordas son «parte de este mundo y vamos a transformarlo con justicia, diversidad, respeto y Lengua de Signos«.
Ocupar espacios de decisión
Derecho al trabajo, a la salud, a la educación, a la participación o a la información. Esas son sólo algunas de las vulnerabilidades que pueden sufrir las personas sordas si la comunicación no es accesible, se ignora la Lengua de Signos o no se permite la presencia de un intérprete.
Por ello, la CNSE valora que este colectivo necesita «leyes que nos protejan frente a la discriminación; leyes que nos eximan de tener que justificar, una y otra vez, cada intérprete que solicitamos, cada ajuste que requerimos, cada medida de accesibilidad que nos corresponde».
La comunidad sorda, por tanto, exige una igualdad en todas las etapas de la vida: «Ser una persona sorda no debería implicar más obstáculos, ni más esfuerzo, ni más abandono institucional«. Del mismo modo, reivindicar la presencia del colectivo en espacios públicos.
«Es imprescindible que las propias personas sordas ocupemos espacios de decisión», aseveran. Para ello, estiman que es importante contar con «presencia en cargos públicos, consejos ciudadanos, medios de comunicación y movimientos sociales, con plena accesibilidad«.







