Regina Martínez, de Buñol (Valencia), tiene 26 años, una sonrisa que no se le borra y una discapacidad que ella misma define sin dramatismo: nació con agenesia congénita en el brazo derecho. Entre las muchas anécdotas que le ha dejado esa condición hay una especialmente curiosa: todavía no sabe si es diestra o zurda, un misterio que difícilmente resolverá y que se relaciona con que de pequeña practicaba escribiendo letras «en espejo», invertidas.
«El mundo se abandera de la palabra ‘diversidad’ pero se olvida de que este concepto no existe sin la discapacidad; la barrera humana es donde hay que trabajar».
Un diagnóstico visto en una ecografía
Su historia empezó antes de nacer. Durante la gestación, los médicos advirtieron que el bebé «se movía mucho y no podían ver bien el brazo derecho». Al repetir la prueba comprobaron que lo tenía «enganchado en una especie de brida, en un cordón», lo que explicaba la agenesia. Regina era la primera hija y la primera nieta, «muy esperada», por lo que la noticia cayó como un jarro de agua fría. Pero su familia reaccionó enseguida.
Precisamente ese apoyo es lo que ella más agradece: «La capacidad que tuvo mi familia de aceptar aquella noticia fue muy positiva para que yo nunca me haya sentido diferente». Nunca fue usuaria de Terapia Ocupacional porque su entorno fue su mejor terapia; de hecho, bromea con que quizá ella ha sido «su propia terapeuta ocupacional sin saberlo». Curiosamente, hoy es graduada precisamente en esa disciplina.

Lo que define a Regina es su carácter alegre, inquieto y resolutivo. De niña iba a baile y decía «sí a todo», aunque reconoce que el camino no ha sido «un sendero de rosas»: la etapa escolar fue el único momento en que se planteó «la parte más negativa de la discapacidad». Para ella, su única diferencia es no tener mano derecha, y no le da muchas más vueltas.
Regina reconoce que ha crecido siendo «muy autosuficiente» y evitando pedir ayuda, un rasgo que la ha hecho fuerte pero del que también ha aprendido a relativizar con el tiempo. Su mensaje, cargado de naturalidad, insiste en que el verdadero reto no está en el cuerpo de las personas con discapacidad, sino en la mirada del resto: «la barrera humana es donde hay que trabajar». Por eso ha convertido su testimonio en una herramienta para que nadie vuelva a sentirse diferente por serlo.
Hoy es activista y divulgadora, con un discurso lúcido sobre la inclusión y un papel destacado para la salud mental, de la que habla a menudo con su «niña interior». Su reflexión sobre la diversidad le ha valido reconocimiento público, incluido un Premio Nacional de Juventud de Compromiso Social y una recepción con los Reyes de España.
Puedes conocer toda su historia en la entrevista que le hicimos en Tododisca.




