«Ven, porque se muere«. Cuatro palabras son capaces de poner el corazón a miles de pulsaciones por segundo. Una frase basta para que una vida cambie radicalmente de un momento a otro. Esta fue la comunicación que le trasladaron a la pareja de Ruth Carpintero cuando sufrió un shock séptico que casi acaba con su vida. Finalmente logró sobrevivir, pero con secuelas de considerable magnitud: la amputación de sus cuatro extremidades.
Su historia de supervivencia está ligada a una sepsis, que como ella misma lo explica es «una infección generalizada y tu cuerpo no sabe cómo responder a una amenaza externa». Además, agrega que «antes era mortal» y que se produjo pro una «bacteria que no supieron cuál fue«. Fuese cual fuese, lo cierto es que penetró en el torrente sanguíneo de Ruth con la virulencia suficiente para tomar la drástica decisión de amputar sus brazos y piernas para poder salvarle la vida.
Ruth Carpintero Mediavilla vive en Valladolid y esta compleja situación no le ha permitido prescindir del sentido del humor. Se define como una «mujer amputada, bastante amputada» que permaneció «algo más de diez días» en estado de coma inducido y que se sobrepuso a un paro cardiaco de nueve minutos de duración: «Me podía haber quedado en estado vegetativo. Afortunadamente no pasó», desvela Carpintero.
Adversidad en la maternidad
El recuerdo que Ruth Carpintero tiene de la sensación de coma es «horroroso» y lo expone bajo la siguiente descripción: «Era una especie de pesadilla, pero sabiendo que no estaba dormida«. No obstante, también recuerda que los «únicos momentos de paz» eran aquellos en los que su pareja se acercaba a ella y le hablaba; ella podía oírle, igual que a cualquier persona que le trasladaba comentarios de cariño, pero Ruth sólo se acuerda de él: «Parece que el amor consigue cosas«, detalla.
Así mismo, cuando despertó del estado de coma, notó las extremidades «amoratadas» a pesar de que su única preocupación era «saber era si las niñas estaban bien» -Ruth es madre de dos hijas, de dos y cuatro años- y poder ver a su pareja. Meses después ya empezó a resonar la palabra ‘amputación’ por los pasillos de ese hospital, finalizando el recorrido en la habitación de Ruth: «Fue una noticia tan atroz que no sé si a día de hoy he conseguido hacerme a la idea«, revela en el blog ‘Grandes Minorías‘.
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Para poder hacer frente a una noticia devastadora como aquella, Carpintero no duda en manifestar que «de no tener dos niñas, hubiese tirado la toalla» para dejar de pelear por su propia vida. Agrega que «la maternidad puede ser algo maravilloso, pero no lo disfrutamos como tendríamos que disfrutarlo por esas exigencias constantes».
Ruth permaneció seis meses bajo ingreso hospitalario, a pesar de que entró pensando que en dos iba a estar en casa. Dos horas más ya «estaba en la UCI clínicamente muerta«. Dudó en cómo comunicar esta noticia a sus dos hijas, especialmente a la pequeña de la casa, pero lo que más dolor le causó a Ruth fue la sensación de no poder abrazarlas tras la pérdida de sus dos brazos: «Cuando me di cuenta dije, ‘¿ahora qué?'».
Educación en la diversidad
Ruth Carpintero es profesora de filosofía y, además, «estudio filosofía para los retos contemporáneos», detalla en su biografía de redes sociales. También, desde una visión humanística y honesta pone de manifiesto qué problemas existen en la sociedad y que involucran al colectivo de la discapacidad, pero como víctimas, no cómplices.
«Llevo un tiempo mirando al suelo mientras camino, y no porque lo necesite«, sino porque «en muchas ocasiones, las miradas me superan«, explica Ruth. En un ejercicio de comprensión interno -y admirable- expone que «tengo cuatro prótesis y me parece perfectamente normal que alguien sienta curiosidad», pero lamenta que «haya muchas miradas que no se deban a esa curiosidad comprensible, sino que son fruto de la mala educación, del rechazo y de la falta de respeto«.
De acuerdo con Ruth Carpintero, diferentes voces internas del colectivo de la discapacidad aboga por que «somos nosotros quienes tenemos» que agachar la cabeza ante esas miradas » y que no nos molesten». Puede llegar a comprenderlo -o intentarlo- «pero es un argumento muy peligroso», especialmente cuando se trata de niños.
Para tratar de sensibilizar sobre este asunto, alude a la siguiente pregunta social: «¿estamos seguros de que educamos correctamente a nuestros hijos al respecto?». La pelota está en el tejado de las personas «incorrectas e irrespetuosas», quienes deben cambiar esas miradas y seguir una línea de respeto y empatía por todos los colectivos.




