Samy Arroyo nació un 26 de enero completamente sana «y sin ningún tipo de problema». El embarazo de su madre no tuvo más allá que las preocupaciones lógicas de cualquier persona que desea que todo salga bien. Sin embargo, una semana antes de cumplir los cinco años comenzó su particular «pesadilla», ligada a la discapacidad. Era sólo una niña.
Recuerda perfectamente que ese ‘mal sueño’ que resultó ser realidad data del 21 de enero de 2005. No obstante, antes de sufrir la pérdida de sus manos y piernas y empezar a lidiar con la discapacidad, Samy era una niña «súper activa y súper alegre» que iba a clases de baile: «Era un auténtico torbellino», relata. La ingesta de «un yogur caducado» en la cena sería el preámbulo de uno de los peores momentos de su vida.
Los vómitos de esa misma noche, junto a la presencia de unos «puntitos rojos«, que eran las petequias, en el abdomen de Samy encendieron las alarmas de su madre. A la hora de vestir a su hija para acudir al médico, esas marcas ya han inundado el cuerpo de, hoy, esta valiente madre con discapacidad sin manos ni piernas como consecuencia de una meningitis meningocócica tipo C.
Samy Arroyo, una madre con discapacidad
La madre de Samy Arrolló la «enrolló en una manta» y le llevó corriendo al centro de salud, que por suerte estaba a escasos «dos minutos» de su casa. A una semana de cumplir los cinco años, aquella niña estaba a punto de enfrentarse a uno de los momentos más complicados de su vida; su familia, también.
Allí, en ese centro sanitario, los pediatras que atendieron a Arroyo alertaron de la gravedad del asunto y comenzaron a dar las señales de alerta para trasladar a Samy de urgencia al hospital. Allí, «los médicos tuvieron que tomar la decisión de amputar» sus piernas, mano izquierda y parte de los dedos de la mano derecha.
A su familia, previamente, le instaron a despedirse de su ‘pequeña’ «porque no había nada que hacer«. Sólo se contemplaban dos opciones: «O queda en estado completamente vegetal o se va», comunicaron los facultativos. Finalmente, Samy Arroyo perdió sus extremidades para poder salvar su vida y soplar las velas por quinta vez.
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Desde entonces, aquella niña ha ido creciendo en un ambiente excelente, rodeada de su familia y donde la discapacidad ha pasado a un segundo plano, porque primero siempre ha ido la persona. Samy ha cumplido metas y objetivos, pero nada comparado con la maternidad, a pesar de que había quien dudaba de sus capacidades para criar a un bebé. A Elvira.
No obstante, el secreto para sobreponerse a tantas críticas y comentarios dañinos lo tenía ella misma: «Yo jamás he dudado de mí«, revela esta madre. Por tanto, cambiar un pañal, «después de todo lo que he pasado«, es un trámite menor para Samy, bromea: «Si no lo hago de una forma lo hago de otra«.
Incluso, había quien dudaba si Samy «iba a ser capaz de parir» por su discapacidad. Ponían en duda «mi capacidad para empujar al no tener piernas y no tener puntos de apoyo». La realidad sólo es una y Arroyo, como madre que es, expone que «mi parto fue maravilloso«.
Sentir y escuchar estando en coma
Malagueña pero viviendo en Sevilla, Samy ya puede presumir de que es una madre con discapacidad, que no tiene piernas, mano izquierda ni los dedos de la derecha. Pero tiene a su bebé, a su familia y una vida por delante por disfrutar juntos, donde la felicidad será el aspecto que prime en este sentido.
A pesar de los buenos augurios que se presentan, el camino ha tenido dificultades de extrema gravedad; de hecho, Samy casi no lo puede contar por una meningitis meningocócica que se apoderó de ella siendo una niña de «casi cinco años». Le faltaba una semana. Era 21 de enero de 2005.
En ese estado de coma previo a la amputación de sus extremidades, la madre de esta joven narra que veía cómo se le caían las lágrimas a su hija. Ella, preocupada, preguntaba a los médicos «si se enteraba de algo«; la respuesta, por parte de los profesionales, solía ser la misma: «No, no. Está sedada«.
Hoy, Arroyo desvela que «sí que me enteraba porque hay ciertos recuerdos a día de hoy que los mantengo». En ese ejercicio de memoria, Samy podía escuchar y sentir lo suficiente para recordar el momento en el que los cirujanos le dieron la noticia a sus padres, estando en quirófano, de que iban a amputar a su hija. Ella estaba sedada; ya tiene 25 años.




