El baile siempre ha sido una de las grandes pasiones de Sophia Adzoa, una joven de veintiséis años y que desde los trece debe hacer uso de las muletas para poder caminar y tratar de ser lo más autónoma e independiente posible. Esto se debe a que presenta una enfermedad rara, conocida como síndrome de Ehlers-Danlos, un trastorno genético que provoca fuertes dolores, especialmente en la zona de las piernas, y puede impedir andar aunque sean unos pequeños pasos. De este modo, desde la aparición de esta patología, la joven Sophia creyó que su sueño de ser artista y pisar los escenarios más importantes del mundo se acababa de frustrar, pero nada más lejos de la realidad: «Bailar con muletas es lo que me hace sentir yo misma«, expone.
Una vez que recibió el diagnóstico de la enfermedad, Sophia Adzoa decidió plantarle cara al síndrome Ehlers-Danlos y luchar para recuperar la movilidad que, en un principio, le había arrebatado. Para ello, optó por retomar las sesiones de baile, con el firme deseo de demostrar al mundo que no es imposible bailar con muletas. Lo consiguió y volvió a sonreír, creando su propia imagen de marca y sirviendo de ejemplo de superación y perseverancia para cualquier persona, más allá de la discapacidad. Además, esta historia de resiliencia pone el broche de oro a una trayectoria que comenzó siendo una utopía, cuando esta joven bailarina apenas era una niña que soñaba en convertirse en la persona que ya es hoy en día: «No recuerdo un momento en el que alguien me hubiera preguntado qué quería hacer cuando fuera mayor y actuar no hubiera sido la respuesta«, recoge la BBC.
Bailar con muletas «me hace ser yo»
Por imposible o irreal que pueda llegar a parecer, lo cierto es que es muy posible y real. Sophia Adzoa así se ha encargado de evidenciarlo. Se ha sobrepuesto a un duro diagnóstico, en el que los médicos le comunicaron que padecía una enfermedad rara que le iba a privar de caminar y le causa fuertes dolores en las piernas; como remedio, esta joven bailarina optó por hacer uso de muletas para paliar estas molestias y poder volver a andar, siendo una persona totalmente independiente. Dado ese primer paso para aceptar su situación, digerirla y adaptarse a ella, Adzoa se armó de valentía para seguir persiguiendo su sueño, que parecía frustrado: ser bailarina profesional, ahora ayudada por unas muletas, que es lo que realmente «me hace sentir yo misma» encima de los escenarios, indica.
Sophia apenas está comenzando a dar sus primeros pasos por la industria del espectáculo, acudiendo a castings y ensayos para adquirir esa experiencia necesaria para saber desenvolverse encima de un escenario, siendo la diana de todas las miradas y dejando los nervios a un lado. Del mismo modo, esta joven bailarina tiene que pensar más allá a la hora de acudir a audiciones y debe considerar otros aspectos debido a su discapacidad, como comprobar si el lugar es accesible a través del transporte público, si tendrá suficiente espacio en una sala de audiciones y si puede adaptar alguna nueva coreografía para realizarla con sus muletas, entre otras medidas: «No quiero invadir el espacio de nadie, porque no lo invado solo con el brazo, lo invado literalmente con un palo», reconoce.
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Adzoa todavía guarda dentro de su retina a aquella Sophia que comenzó a bailar siendo apenas un niña pequeña, hasta que a los trece años sintió un dolor muy fuerte en la cadera, pensando que era una molestia pasajera, pero resultó ser una enfermedad rara que le iba a robar la posibilidad de caminar. Por ello, recuerda que «como solía bailar sin muletas, mi cerebro aprende coreografías igual que los bailarines sin discapacidad«. Esta paradoja, continúa, «me toma un minuto aprender la coreografía y luego traducirla a lo que mi cuerpo necesita hacer ahora, y a veces eso requiere un minuto extra«, reconoce en declaraciones a la BBC. En cualquier caso, la joven se ha convertido en una persona de referencia en este sector a través de su ejemplo y dedicación; además, no duda en relucir su condición y en exponer que «todos pueden ver que uso muletas y no tienen que fingir que no tengo discapacidad». Esta realidad, precisamente, «es lo que me hace ser yo y ahora lo he aceptado completamente«, concluye.
Inclusión y accesibilidad en los espectáculos
Desde el diagnóstico de su enfermedad, que puso nombre y apellido a los fuertes dolores de Sophia, la joven también se ha erguido como una voz de renombre en el sector del espectáculo para reclamar más medidas que fomenten la inclusión y la accesibilidad de personas con discapacidad en salas de teatro y en la industria en general «para que todos puedan disfrutar de las artes». La propia artista estima que muchos teatros tienen escaleras o son edificios antiguos, «pero solucionarlo es algo que, con el tiempo, esperamos mejorar. En cuanto al público, y al número de escaleras, cada vez más teatros están instalando ascensores, lo cual es genial, porque de lo contrario se limita considerablemente el espacio para personas con discapacidad», recoge la BBC. En cualquier caso, cree que «vamos por el buen camino».
Finalmente, Sophia Adzoa no duda en manifestar su inmensa felicidad ya alegría por haber sido capaz de retomar el baile, que siempre ha sido una de sus grandes pasiones, y hacerlo después de superar el diagnóstico de una grave enfermedad, lo que le ha permitido perfilarse como una referencia para muchas personas, especialmente en la comunidad más juvenil. Del mismo modo, las personas con discapacidad, colectivo del que ella misma es integrante, aplauden sus reivindicaciones para reclamar derechos y fomentar medidas accesibles e inclusivas.




