Trabajar el lenguaje bimodal puede ser un aspecto esencial para el desarrollo del habla de niños con síndrome de Down. Así lo demuestra en redes sociales José Martín (@jose_martinaguado), padre de ‘Juanito’, un menor con esta condición genética.
Los niños con síndrome de Down, generalmente, suelen necesitar un apoyo extra a la hora de producir sonidos: «No basta con trabajar la boca. También hay que ayudar al cerebro a organizar el movimiento», indica este padre de familia. No obstante, cada padre puede emplear la técnica que más y mejor se adapte a sus hijos.
En esta línea, el lenguaje bimodal adquiere una notable importancia entre los menores con Trisomía del 21. A través de este simpático sistema de comunicación «asociamos cada vocal a un gesto grande del cuerpo», indica Martín. Además de su carácter lúdico, también genera una dosis de aprendizaje.
Lenguaje bimodal en niños con síndrome de Down
El desarrollo del lenguaje es un aspecto complejo y fundamental para la interacción e integración social. En ocasiones, algunos colectivos pueden presentar dificultades para adquirir este hábito, especialmente niños con discapacidad, que necesitan un complemento o apoyo extra para impulsar el habla.
Así, los menores con síndrome de Down hacen uso del lenguaje bimodal, que, de acuerdo con el Colegio de Logopedas de Madrid, se entiende como un «Sistema de Aumentativo y Alternativo de Comunicación que busca integrar de forma simultánea dos modalidades de expresión del lenguaje: auditiva/oral y visual/manual.
En consecuencia, José Martín, padre de ‘Juanito’, un pequeño con síndrome de Down, valora que la importancia del lenguaje bimodal reside en que «el cuerpo se mueve mientras se produce el sonido», motivo por el que «al cerebro le resulta más fácil coordinarlo».
Desde el Colegio de Logopedas de la capital recuerdan que, a diferencia de la Lengua de Signos Española -LSE-, que cuenta «con su propia gramática», la modalidad del lenguaje usada para niños con dificultades en el habla «mantiene la estructura sintáctica del lenguaje oral», respetando el orden de las palabras habladas.
Por tanto, las familias que tienen menores en casa con síndrome de Down u otras condiciones que presentan dificultades para adquirir el hábito del habla o producir sonidos se apoyan en el lenguaje bimodal: «Puede parecer un juego, pero detrás hay mucho trabajo, paciencia y muchas repeticiones«, detalla Martín.
La importancia del entorno
La implementación de la comunicación bimodal ya ha demostrado «ser particularmente útil y eficaz en diversas poblaciones que presentan dificultades en el desarrollo o uso del lenguaje oral«, informan desde el Colegio de Logopedas de Madrid.
Por ello, se emplea para «estimular la aparición del lenguaje oral», impulsar la «memoria visual y cinestésica», a «construir la función simbólica y a establecer una base comunicativa funcional» o se perfila como «un apoyo visual que refuerza la información auditiva«, según las necesidades de cada persona.
Del mismo modo, para que el lenguaje bimodal aporte los beneficios que se esperan de él, la implicación del entorno del menor debe ser consecuente, «emitiendo el mensaje oral acompañado de los signos«.
Además, desde el Colegio de Logopedas recuerdan que «es un sistema accesible y relativamente natural de imitar, lo que facilita su incorporación al día a día» y la importancia de «un diagnóstico y una intervención temprana y especializada» en los primeros años de vida.







