Esta es la historia de Carlos y su madre, Rocío. Juntos viajaron desde Écija a Tailandia en busca de esperanza. Una esperanza que se hizo realidad gracias a un innovador tratamiento con células madre para tratar la hidrocefalia que padece el pequeño Carlos.
Desde la ‘Hydrocephalus Association’ explican que «la hidrocefalia es una enfermedad neurológica crónica causada por una acumulación anormal del líquido cefalorraquídeo (LCR) en las cavidades del cerebro, llamadas ‘ventrículos’, lo que puede causar un aumento de la presión intracraneal».
La lucha de Carlos, un pequeño diagnosticado con hidrocefalia
En Tailandia existe un innovador tratamiento para la hidrocefalia. Tratamiento para el que fue admitido Carlos. Sin embargo, el coste de 50.000 euros aparecía como una barrera que fulminaba cualquier atisbo de esperanza.

Lejos de tirar la toalla, su madre inició una serie de acciones para recaudar dinero y poder viajar a Tailandia. Tras meses de esfuerzo, trabajo y acciones solidarias, Carlos pudo viajar a Tailandia y someterse al mencionado tratamiento con células madres.
Carlos es un pequeño que nació con hidrocefalia. Debido a esta discapacidad, este pequeño requiere de atención constante. Su madre, sin pareja y sin empleo, ha sido la encargada de cuidarlo con todo el amor del mundo desde su nacimiento.
La gran esperanza apareció cuando su madre se enteró de que existía un innovador tratamiento experimental en Tailandia que podría ayudar a Carlos. Aunque la misión parecía imposible, había que dejarlo todo en el intento. Así que esta madre coraje se puso manos a la obra.
Inicialmente comenzó una campaña en Écija, su pueblo natal. La primera empresa en colaborar fue ‘Anvalar, que diseñó camisetas solidarias que se vendieron con gran éxito en el pueblo. Poco a poco se creó una bola de nieve de solidaridad. Cada granito de arena acercaba a Carlos a Tailandia.
La lucha de Carlos y su madre pronto se hizo viral en redes sociales, llegando a los medios de comunicación. Al respecto, la madre de Carlos explica que «la gente fue increíble. Vendimos las camisetas como pan caliente, todos querían ayudar a Carlos».
El punto de inflexión de esta lucha llegó con un evento benéfico organizado en Écija, donde participaron artistas reconocidos como la Húngara. La solidaridad de todo un pueblo logró lo imposible y se recaudó el dinero necesario para que Carlos se pudiese someter a este innovador tratamiento con células madre en Tailandia.
Un tratamiento que ha supuesto un cambio real
Una vez obtenidos los fondos necesarios, Rocío y Carlos iniciaron el viaje hacia Bangkok (Tailandia). Más de 10.000 kilómetros separan Écija de Bangkok, en un viaje en el que la esperanza se hizo fuerte.
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Después de un viaje agotador, ambos llegaron al Hospital BBH, lugar donde se llevaría a cabo el tratamiento. Aunque todo era muy distinto a España, Rocío afirma que «el personal médico fue amabilísimo. Nos recibieron con los brazos abiertos».
El tratamiento con células madre derivadas del cordón umbilical tuvo una duración de un mes. Además, a Carlos también le aplicaron inyecciones en los ojos y por vía intravenosa. Del mismo modo, se llevaron a cabo varias sesiones en cámara hiperbárica.
Sobre su hijo, Rocío explica que «Carlos fue un campeón. Lo pasó bien, mucho mejor de lo que esperaba. Yo sufría más que él dentro de la cámara». El equipo médico, por su parte, acompañó a este pequeño de Écija en cada paso del proceso. Incluso, sorprendieron a Rocío con una tarta el día de su cumpleaños.
Finalmente, el tratamiento fue todo un éxito, con resultados que llegaron incluso a sorprender. Al respecto, Rocío informa que «Carlos ha mejorado muchísimo. Ya no necesita sonda, tiene menos espasticidad, empieza a tragar agua poco a poco e incluso sigue con la mirada la luz».
Aunque esta lucha ha estado marcada por la incertidumbre, el balance final fue más que positivo. «Tenía miedo de viajar tan lejos con él, por su discapacidad, pero todo fue mucho más llevadero de lo que imaginé. Ha sido una experiencia que nos ha cambiado la vida«, expone Rocío.
Roció se ha mostrado especialmente agradecida con todas las personas que han ayudado y que han aportado su grano de arena para que Carlos haya podido acceder a este tratamiento experimental en Tailandia. La mejora de Carlos ha sido real, aunque su madre prosigue con su labor de cuidadora, con el amor siempre por bandera.
Como conclusión, la madre de Carlos manifiesta que «Tailandia me enseñó que la esperanza no tiene fronteras. Gracias a las células madre y a todos los que creyeron en nosotros, hoy Carlos tiene una vida mejor».




