El IPREM —el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples— sigue fijado en 600 euros al mes, la misma cifra que en 2023. Cuatro años congelado. En ese mismo periodo el Salario Mínimo Interprofesional ha escalado hasta los 1.221 euros mensuales en catorce pagas, según el Real Decreto 126/2026 publicado en el BOE el 19 de febrero de 2026. La consecuencia práctica es que el subsidio para mayores de 52 años, que se calcula como el 80% del IPREM, se queda en 480 euros al mes, mientras el umbral de rentas que da acceso a esa misma ayuda sube cada año porque va referenciado al SMI.
Es una tijera que se abre sola, sin que nadie tenga que aprobar un recorte.
Qué es el IPREM y por qué manda tanto
El IPREM nació en 2004 para desligar las ayudas públicas del salario mínimo. La idea era razonable: si el SMI subía por motivos de política salarial, no tenía por qué arrastrar automáticamente el gasto en prestaciones. Se creó, por tanto, un indicador propio.
El problema es cómo se actualiza. El IPREM se fija en la Ley de Presupuestos Generales del Estado de cada año. Sin presupuestos nuevos, se prorrogan los anteriores y el indicador se queda donde estaba. Eso es exactamente lo que viene ocurriendo.
De ese indicador dependen, entre otras cosas:
- La cuantía de los subsidios por desempleo.
- El acceso a la justicia gratuita.
- Los umbrales de muchas becas y ayudas al alquiler.
- Los límites de ingresos de numerosas ayudas autonómicas.
Los 480 euros del subsidio de mayores de 52 años
El SEPE abona a los beneficiarios del subsidio para mayores de 52 años el 80% del IPREM. Con el indicador en 600 euros, la prestación mensual es de 480 euros.
Si el IPREM se hubiera revalorizado al ritmo del IPC desde 2023, la cifra sería sensiblemente mayor. No lo ha hecho, y la ayuda ha perdido poder adquisitivo cada mes que ha pasado.
Por el contrario, el límite de rentas para tener derecho al subsidio sí se mueve: es el 75% del SMI, lo que en 2026 equivale a 915,75 euros mensuales brutos. Es decir, el umbral de acceso se ha relajado mientras la cuantía se quedaba quieta.
Un efecto secundario poco comentado
La congelación tiene una cara menos evidente. Al no subir el IPREM, tampoco suben los umbrales de renta de las ayudas que se calculan sobre él, de modo que quienes tienen ingresos ligeramente por encima quedan fuera año tras año pese a que su situación real no ha mejorado.
Asimismo, hay prestaciones cuyo importe se congela por partida doble: la cuantía porque depende del IPREM y el acceso porque depende de un umbral también anclado al IPREM.
Lo que sí ha mejorado
No todo juega en contra. Mientras se cobra el subsidio para mayores de 52 años, el SEPE cotiza por el beneficiario a efectos de jubilación por el 125% de la base mínima, un tratamiento privilegiado que ninguna otra prestación asistencial ofrece y que sigue vigente tras la reforma del nivel asistencial del desempleo.
Es decir: la ayuda es corta en euros, pero protege la pensión futura mucho mejor de lo que sugiere su importe.
Qué habría que vigilar
La única vía para desbloquear el IPREM es la aprobación de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado que lo actualicen. Mientras eso no ocurra, la cifra seguirá en 600 euros por inercia administrativa, no por decisión expresa.
Con todo, quien perciba el subsidio debe recordar dos obligaciones que no dependen de ninguna cifra: presentar la declaración anual de rentas cada doce meses y mantenerse inscrito como demandante de empleo. Incumplirlas es, hoy por hoy, la causa más frecuente de suspensión.




