Ingrid, una trabajadora que ejercía como odontóloga en España, ha obtenido el reconocimiento de una incapacidad permanente total por Parkinson. El derecho a cobrar esta pensión le ha llegado gracias a una resolución judicial, ya que «el INSS consideró que podía seguir trabajando».
Marina Alaminos ha sido la encargada de llevar el caso de Ingrid y ha expuesto su caso a través de su cuenta de Instagram (@marinaalaminos). Al respecto, comenta que «tener una enfermedad no significa automáticamente tener derecho a una incapacidad permanente. Pero poder hacer determinadas cosas en tu vida cotidiana tampoco significa que puedas seguir desempeñando tu profesión».
Ingrid trabajaba como odontóloga y fue diagnosticada con Parkinson
Ingrid trabajaba como odontóloga, una profesión que requiere precisión, eficacia y la utilización de instrumental pequeño. Además, se trata de una actividad laboral que influye en la salud de terceras personas.
Con el paso del tiempo, esta trabajadora comenzó a notar que algo no iba bien. Así, después de varias pruebas y consultas médicas recibió el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson.
Tras recibir el diagnóstico, que supuso un varapalo para ella, intentó seguir trabajando. Sin embargo, cada procedimiento empezó a generarle cada vez más inseguridad. Así, la abogada Marina Alaminos señala que «llegó un momento en el que Ingrid entendió que continuar trabajando no era seguro».
Debido a su situación, Ingrid decidió coger la baja médica por incapacidad temporal. Durante este periodo siguió un tratamiento específico con controles de neurología y una medicación que ayudaba a controlar parte de los síntomas.
A pesar de ello, Ingrid no recuperó la precisión necesaria para seguir ejerciendo como odontóloga. No obstante, cuando llegó el momento, el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social le denegó el reconocimiento de la pensión de incapacidad permanente.
Incapacidad permanente total en la resolución judicial
Frente a la denegación por parte del INSS, Ingrid se puso en contacto con la abogada Marina Alaminos en busca de ayuda. Tras analizar su caso, esta profesional tuvo claro que cumplía con los requisitos para, al menos, cobrar una incapacidad permanente total.
El INSS volvió a denegar la Reclamación Previa, por lo que Marina Alaminos optó por continuar con el proceso a través de la vía judicial. «En el juicio defendimos que no se podía valorar a Ingrid solo por lo que podía hacer en su día a día. Una odontóloga necesita hacer movimientos finos, precisos y controlados de forma constante», manifiesta Alaminos.
Aquí se encuentra una de las claves de este proceso de incapacidad permanente: Una cosa son las actividades que puede realizar una persona en su día a día, y otra las acciones que puede desarrollar en su trabajo habitual.
En este contexto, la jueza del caso entendió que Ingrid ya no podía llevar a cabo las funciones propias de su profesión habitual, por lo que le reconoció el derecho a una pensión de incapacidad permanente total.
«No habíamos conseguido que desapareciera el Parkinson, pero conseguimos que se reconociera que ya no podía seguir trabajando en una profesión que exigía una profesión que su enfermedad no le permitía garantizar», concluye Marina Alaminos.




