Sandra, una mujer que trabajaba como reponedora de supermercado, ha obtenido el reconocimiento de una incapacidad permanente absoluta debido a varias patologías que le ocasionan dolor constante y agotamiento; no sin antes pasar por un complejo proceso.
Entre las tareas de reponedora de supermercado, destacan acciones como pasar horas de pie, cargar cajas o subir y bajar palés. Se trata de una profesión dura, física y constante. Esta actividad laboral la llevaba a cabo con «un estado de salud que cada día se deterioraba un poco más».
El INSS le denegó el derecho a la incapacidad permanente
Marina Alaminos es abogada especialista en incapacidad permanente y ha sido la encargada de llevar el caso de Sandra. A través de sus redes sociales (@marinaalaminos) ha expuesto el caso de esta reponedora de supermercado.
En concreto, Sandra presentaba un cuadro clínico complejo con varias patologías, tal y como enumeramos a continuación desde Tododisca:
- Lumbalgia crónica.
- Artrosis.
- Fibromialgia.
- Depresión.
- Incontinencia
Al respecto, Marina Alaminos argumenta que «más allá del diagnóstico, cada día sufría dolor constante, cansancio que nunca se iba, dificultad para moverse, para concentrarse y para soportar el más mínimo esfuerzo. No era solo trabajar, era sobrevivir».
Sandra aguantó durante años trabajando con este dolor y cansancio. Cuando ya no pudo más, solicitó una baja médica. En el transcurso de la baja médica, esta reponedora de supermercado acudió a varios especialistas médicos y siguió diferentes tratamientos sin éxito. La realidad es que no logró ningún avance real en su estado de salud.
Ante ello, esta ciudadana recopiló todos sus informes médicos y solicitó el reconocimiento de la pensión de incapacidad permanente por la vía administrativa. A pesar de su situación y de las limitaciones existentes, el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social) le denegó la incapacidad permanente.
Limitaciones para cualquier profesión
Esta trabajadora sentía dolor constante, utilizaba pañales y necesitaba ayuda para caminar. En este sentido, no podía entender como el INSS le había denegado la incapacidad permanente. Pero decidió no rendirse y luchar por la pensión que realmente, tal y como se demostró, le correspondía.
Sandra intentó volver a su trabajo, pero su cuerpo ya no respondía a las exigencias del mismo. Posteriormente fue despedida quedando en una situación complicada: sin trabajo y sin incapacidad permanente.
Tras todo este proceso, Sandra se puso en contacto con la abogada Marina Alaminos para que analizara su caso y la viabilidad de llevar el mismo a la vía judicial para luchar por la incapacidad permanente. Esta abogada pudo llegar a la conclusión de que «la denegación del INSS no era justa».
Marina Alaminos considera que «no solo era un problema laboral, sino que también era una pérdida de autonomía. Aún así, el INSS le había dicho que podía trabajar». Así, iniciaron el correspondiente procedimiento.
Presentaron una Reclamación Previa ante el INSS. Una Reclamación Previa que también fue denegada. «En ese momento no hubo ninguna duda, íbamos a lucharlo en los tribunales. El INSS no se saldría con la suya», comenta Marina Alaminos.
Tras presentar todas las pruebas e informes médicos correspondientes, la decisión judicial fue contundente. La jueza le reconoció a Sandra una incapacidad permanente absoluta con derecho a cobrar una pensión con una cuantía equivalente al 100% de su base reguladora. «El dolor no era ninguna exageración, las limitaciones eran evidentes y su situación real no era reversible», concluye la abogada Marina Alaminos.




