La araña de patas finas y largas que cuelga del techo de un baño, de un trastero o de una esquina del salón tiene nombre propio: Pholcus phalangioides, conocida popularmente como araña de las bodegas. Es un arácnido inofensivo para las personas y, lejos de delatar suciedad, su presencia suele ser una buena noticia doméstica: funciona como un controlador natural de mosquitos, moscas, polillas y otros pequeños insectos, y hasta de otras arañas. Así lo describen los especialistas que la han estudiado, entre ellos el aracnólogo Rick Vetter, investigador de la Universidad de California en Riverside, una de las voces de referencia internacional sobre esta especie.
Cabe recordar que esta araña vive entre nosotros desde hace siglos. Originaria de las zonas templadas y subtropicales del Viejo Mundo, hoy está repartida por casi todo el planeta. Como no resiste el frío, en buena parte de su área de distribución sobrevive justamente al amparo de las casas, lo que explica por qué resulta tan familiar en los hogares españoles.
Cómo reconocerla
La Pholcus phalangioides es difícil de confundir una vez se sabe en qué fijarse. Pertenece a la familia Pholcidae y tiene un cuerpo pequeño y pálido —las hembras miden unos 9 milímetros, los machos algo menos— rematado por unas patas larguísimas y frágiles, hasta cinco o seis veces más largas que el propio cuerpo, que pueden alcanzar los 7 centímetros de envergadura.
Teje una tela irregular y desordenada, sin la geometría de otras especies, casi siempre en zonas altas y poco transitadas. Y cuando algo la perturba recurre a un truco inconfundible: vibra a toda velocidad sobre su tela hasta volverse casi imposible de enfocar a simple vista. Es su forma de defenderse, no de atacar.
Qué dice la ciencia sobre su veneno
Sobre esta araña pesa desde hace décadas una idea muy repetida: que sería «la más venenosa del mundo», incapaz de hacer daño solo porque sus colmillos son demasiado pequeños. Los estudios disponibles cuentan otra historia. Vetter, que ha dedicado años a investigar a estos arácnidos, lo resume sin rodeos:
No conozco ninguna publicación que demuestre que las arañas pholcidas causen un efecto tóxico en los seres humanos. Desde luego, no son la araña más tóxica del mundo.
Sus colmillos, de en torno a 0,25 milímetros, son técnicamente capaces de atravesar la piel humana, pero no existe un solo caso documentado de que su mordedura haya provocado una reacción dañina en una persona. Cuando su veneno se ha analizado en laboratorio, los resultados apuntan a que es inofensivo para el ser humano, muy lejos de la potencia del de una viuda negra. Es la misma conclusión a la que llega el Museo Australiano, que descarta que exista base científica para considerarla peligrosa ([FUENTE-EXTERNA]).
Una cazadora silenciosa (incluso de otras arañas)
Donde sí resulta temible es entre los insectos del hogar. Su dieta se centra en pequeños insectos voladores —mosquitos, moscas y polillas— que quedan atrapados en sus telas, lo que la convierte en una aliada discreta contra las plagas más molestas del verano.
Lo más sorprendente es que su menú no se limita a los insectos. La Pholcus phalangioides convive en paz con las de su propia especie, pero es muy agresiva con arañas de otras: si una Tegenaria entra en su tela, la ataca al momento. Esa habilidad le ha valido la reputación de cazadora de arañas más peligrosas, y en muchos lugares su presencia se acepta e incluso se agradece por ello. Asimismo, cuando el alimento escasea puede recurrir al canibalismo. Es decir, una sola de estas arañas trabaja, gratis y sin hacerse notar, en mantener a raya a otros bichos de la casa.
Cuándo conviene prestarle atención
En la inmensa mayoría de los casos su presencia es normal y hasta deseable. Por el contrario, si empiezan a multiplicarse y a aparecer de forma constante en distintas estancias, puede ser señal de exceso de humedad o de una acumulación de pequeños insectos de los que se alimentan.
En esos casos, los expertos en control de plagas recomiendan revisar baños, lavaderos, los bajos de los muebles y los rincones peor ventilados. Mejorar la ventilación, reducir la humedad y mantener una limpieza regular suele bastar para que su número vuelva a niveles habituales sin necesidad de recurrir a productos químicos.
Cómo sacarla de casa sin hacerle daño
Si aun así se prefiere mantenerla fuera, lo aconsejable no es aplastarla, sino retirarla con cuidado:
- Colocar con suavidad un vaso o recipiente encima de la araña.
- Deslizar una hoja de papel o un cartón por debajo.
- Evitar tocarla directamente con las manos.
- Llevarla hasta un patio, una terraza o un jardín.
- Soltarla en una zona segura y alejada del interior de la vivienda.
Con todo, la próxima vez que aparezca una en un rincón quizá merezca la pena dejarla estar un rato. Ni es la más venenosa del mundo ni señala falta de higiene: es, sobre todo, una vecina paciente que se ocupa de los mosquitos antes de que lleguen a la cama.


