El podólogo Manuel Vidal ha señalado que dos de los calzados más habituales del verano, las Crocs y las Converse, están detrás de buena parte de las lesiones que llegan a consulta durante estos meses. En declaraciones recogidas el pasado 5 de agosto de 2026, el especialista ha explicado que las primeras «no sujetan bien el talón» y que las segundas «son estrechas y tienen un refuerzo que genera muchísimos problemas en las uñas». Su recomendación para la temporada pasa por sandalias con sujeción trasera o calzado ‘barefoot’, siempre adaptado a la forma del pie de cada persona.
Cabe recordar que el verano concentra los factores de riesgo: más horas de calle, más sudoración y una elección de zapato que casi siempre se hace por comodidad aparente o por moda, no por criterio clínico.
Por qué las Crocs no son el mejor aliado para caminar
El zueco de goma se ha convertido en un fijo del armario estival, sobre todo entre los más jóvenes, por su ligereza y su precio. El problema aparece cuando se usa para caminatas largas. Al carecer de un cierre firme en la parte posterior, el pie tiende a compensar agarrándose con los dedos para que el calzado no se salga.
Ese gesto, repetido durante kilómetros, tiene consecuencias. Vidal advierte de que el talón suelto hace que «pongamos nuestros dedos en garra», un patrón que puede derivar en problemas musculares en la planta del pie. Es decir: lo que parece un zapato descansado acaba obligando a la musculatura a trabajar de más.
Las Converse y el precio que pagan las uñas
El caso de las zapatillas de lona clásicas es distinto, pero igual de frecuente en consulta. Su horma estrecha y el refuerzo de la puntera comprimen la zona de los dedos justo donde menos margen hay.
El resultado lo resume el propio podólogo sin rodeos:
«Son estrechas y tienen un refuerzo que genera muchísimos problemas en las uñas»
Vidal ha reconocido que cada verano se ven obligados a extraer alguna uña por las secuelas asociadas a este tipo de zapatillas. Con todo, el especialista insiste en que su mensaje no es alarmista, sino un llamamiento a comprar calzado de calidad y ajustado a las necesidades reales de cada pie.
Pie egipcio, griego o romano: por qué importa antes de comprar
Más allá del clásico debate entre pie plano, normal o cavo, hay una clasificación menos conocida y muy útil a la hora de elegir zapato: la que se establece según la longitud de los dedos. Existen tres tipos y cada uno pide una horma distinta:
- Pie egipcio: el dedo gordo es el más largo y el resto desciende en orden. Admite prácticamente cualquier tipo de calzado.
- Pie griego: el segundo dedo sobresale por encima del primero. Hay que evitar las hormas muy rectas y tomar siempre ese segundo dedo como referencia para elegir la talla.
- Pie romano o cuadrado: primer y segundo dedo miden lo mismo. Funcionan mejor los zapatos de puntera cuadrada.
Como norma general, el podólogo sostiene que «todas las diferentes formas de pie se van a beneficiar de un calzado ancho», aunque matiza que lo ideal es que el zapato se adapte a la patología, el peso y las características individuales de cada persona.
El sudor, el otro enemigo del verano
A la elección de la horma se suma un factor estacional: «en verano el pie suda más», recuerda Vidal. De ahí que su consejo sea buscar calcetines y calzado que permitan una buena transpiración, una medida sencilla que previene hongos, bacterias y mal olor.
Asimismo, el especialista apunta que ese olor tan asociado al calor procede muchas veces de calcetines de baja calidad, no del pie en sí. Un tejido transpirable, además, reduce las rozaduras y las ampollas y mantiene el pie a una temperatura estable.
Qué calzado recomienda para esta temporada
Las sandalias son una buena opción, pero no cualquiera. Vidal precisa que deben tener «buena sujeción en el talón» y añade que, en caso de existir alguna lesión previa, conviene «una buena amortiguación y cierta elevación de talón».
Para las personas mayores, el podólogo apunta hacia el calzado respetuoso, ancho y de horma cuadrada, y cita como ejemplo la marca Altra. Por el contrario, quien busque un zapato que respete la forma natural del pie y el gesto de la pisada encontrará su mejor aliado en el ‘barefoot’, el calzado mínimalista de suela fina y flexible que en los últimos años ha pasado del nicho deportivo al uso diario.
La conclusión que deja el especialista es menos una lista de vetos que un cambio de criterio: elegir el zapato del verano por cómo encaja en el pie, y no por cómo queda en la foto.




