De fachada en adelante, Jéssica Ferrer es una mujer que vive con una discapacidad que le afecta a su forma de caminar y a la movilidad de sus manos, pero no le impide «avanzar en la vida ni disfrutarla al máximo«. Internamente, se esconde una personalidad valiente que se enfrenta a la enfermedad de Charcot Marie Tooth, que se perfila como la neuropatía hereditaria mas común.
Esta patología de los nervios periféricos, que afecta directamente a los músculos, ha desarrollado en Jéssica una fuerte sensación de amor propio, de aceptación ante lo que no tiene explicación y ha aprendido a vivir su propia vida sin filtros ni medias tintas. En redes sociales, Ferrer enseña y sensibiliza sobre esta discapacidad, que no es especialmente conocida ni, mucho menos, frecuente.
No obstante, a esta protagonista la vida no siempre le ha sonreído como parece hacerlo ahora; mejor, ella no ha sido capaz de mostrar su mejor cara a la adversidad desde el primer instante, algo que es normal y humano. Durante años pensó «que no encajaba», hasta que logró comprender «que no vine a eso, vine a vivir y a brillar«.
Jéssica, una ‘disfrutona’ de la vida con discapacidad
Echar un vistazo a las redes sociales de Jéssica Ferrer es hacer un ejercicio de comprensión para entender que la vida es algo que va mucho más allá de lo que podamos o queramos imaginar. Es un regalo cuyo envoltorio no siempre es bonito, pero siempre merece la pena abrirlo.
El caso de esta joven, que vive con una discapacidad como consecuencia de una enfermedad denominada Charcot Marie Tooth, es una invitación a dejar de actuar en base a las ideas predeterminadas o pensamientos ajenos que se escapan de nuestro alcance para, de la misma manera, comenzar a disfrutar de nosotros mismos y de la vida que queremos llevar.
«La mayoría de veces nos acomplejamos de cosas que los demás ni notan», defiende Jéssica, quien también indica que no hay el principal enemigo de cada persona es uno mismo: «Somos nuestros peores haters«. Por tanto, mediante las redes sociales, Ferrer trata de visibilizar su enfermedad y sensibilizar sobre la discapacidad y el amor propio: «Disfruta más de la vida sin pensar en que piensan los demás«.
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Igualmente, Jéssica hace gala de una admiración por ella misma que le costó un pertinente periodo de tiempo conseguir. En ese periplo emergieron figuras que le ayudaron a mantener la cabeza erguida y una actitud fuerte para esquivar cualquier atisbo de debilidad. Y lanza una advertencia importante: «Nunca te conformes con una vida que no quieras tener, estás a tiempo de lograr todo«.
Ella, como una disfrutona de la vida, se ha sabido rodear de personas maravillosas que «se alegran más que yo misma por mis triunfos, que hacen todo lo imposible por impulsarme y hacerme brillar, que me quieren, que me dejan ser yo misma, que me cuidan y que me consienten», ha indicado en una de sus publicaciones de redes sociales.
Una mujer «tranquila y feliz»
No ha sido un camino de rosas, pero Jéssica si ha logrado llegar a la meta. Ahora se define como una «mujer tranquila y feliz«, admirando a la mujer en la que cree que se ha convertido, a pesar de que para lograr este sentimiento haya tenido que pasar por una realidad «de caos«, subraya.
Por tanto, Ferrer no duda en exclamar que «ahora ya no permito que nadie perturbe mi paz«. Esa paz que tanto le ha costado ostentar y de la que tanto disfruta. Igualmente, se ha convertido en una persona a quien la discapacidad le ha servido para impulsar una profunda sensación de amor propio y de aceptación para comenzar a vivir sin ningún tipo de filtro. A su manera.
Además, gracias a ese arduo proceso de adaptación a su discapacidad, Jéssica Ferrer también puede presumir de sentido del humor, un ingrediente que no suele estar ausente a lo largo de sus respuestas a sus «mayores fans«, que son los comentarios que desprenden comentarios negativos sobre ella en redes sociales. Tal vez, esa sea su gasolina para seguir sonriendo cada día acompañada de las personas que le impulsan y le permiten brillar.




