Ana Solsona (@ana_solsona) es la madre de Aleix Vicente, un joven con autismo «no hablante», tal y como detallan en sus redes sociales. Precisamente, en estas plataformas, esta mujer se define como una activista «por los derechos de las personas con diversidad funcional«, fomentando su inclusión en el entorno laboral.
En el testimonio que madre e hijo han querido compartir con su comunidad de seguidores y, en definitiva, con todos los usuarios de redes sociales, reclaman la legislación urgente que contemple el acceso al mercado laboral de las personas con autismo, tratando de promover ayudas y herramientas a estos perfiles.
Esas «oportunidades laborales» que anhela Solsona son una realidad que raras veces acaba llegando a la vida de las familias que tienen un caso de Trastorno de Espectro Autista. Por ello quieren seguir ‘luchando’ en este sentido y promoviendo contextos que permitan la inserción profesional de estas personas: «Di sí al empleo con apoyos«.
Inserción laboral de personas con autismo
La finalidad que persigue Ana Solsona no es otra que la inserción laboral de personas con autismo, y con diversidad funcional. Esa permanente expectación nunca termina de ser una realidad plausible ni notoria, al menos, en términos prácticos. He ahí la reivindicación y las exigencias de la madre de Aleix Vicente.
Para lograr, no obstante, la contratación de este tipo de candidatos, las familias saben que la formación es un aspecto fundamental, como lo es en cualquier otra persona que quiera optar a un puesto de trabajo: «El aprendizaje no tiene límites, ni tiempo ni edad», expone esta madre.
La finalidad de este movimiento no es sólo encontrar empleo ni fomentar la inserción laboral de personas con autismo, sino que además, ese logro serviría para promover la plenitud personal, fomentar la autonomía y poner en valor la dignidad de cada persona, un aspecto que jamás se ha de infravalorar.
El cuadro de TEA que presenta Aleix le impide poder comunicarse mediante el poder de las palabras, pero sí lo hace ayudado por un sistema de comunicación que le permite estar en el mundo, ser parte de la sociedad y trasladar sus ideas, pensamientos y emociones. Todo ello con el apoyo y las indicaciones previas «de su asistenta personal».
Pero esa asistencia que menciona Solsona «no es cuidar«, sino que «es acompañar, tener en cuenta, apoyar y comunicar». En definitiva, hacer la vida más autónoma, sencilla e independiente a personas que así lo requieran. Mientras, el objetivo seguirá siendo batallar en busca de la inserción laboral de perfiles autistas o con otro tipo de diversidad funcional.
Derechos y no favores
Las familias de las personas con autismo han elevado la voz para reclamar que este colectivo, lamentablemente, «no tiene garantizados los servicios públicos básicos, en sanidad, educación, empleo y ocio», por lo que no pueden vivir en igualdad de condiciones y, mucho menos, gozar de la equidad de oportunidades.
En muchas ocasiones, ese infranqueable ‘No’ que reciben quienes viven con el autismo como compañero de vida se sustenta en el desconocimiento de esta condición: falta de recursos de apoyo, herramientas e, incluso, la forma correcta de dirigirse a este colectivo en términos de lenguaje.
«Creen que no podemos hacer nada«, lamentan estas familias. De hecho, personas con Ana y Aleix se han unido para reclamar una mayor tasa de inserción laboral del colectivo de autismo; al menos, para exigir una igualdad de oportunidades y herramientas necesarias para acceder al empleo.




