El 11 de marzo de 2004 siempre será una fecha marcada en rojo en el calendario de España. Aquel día, hoy ya conocido como ‘11M‘, una serie de ataques terroristas en la red de Cercanías de Madrid terminaron con la vida de 192 personas, con un balance superior a los 2.000 heridos.
El impacto de aquellos ataques en la historia de España siempre permanecerá grabado en la retina de un país que todavía, 22 años después, llora la muerte de quienes perdieron la vida inocentemente yendo a trabajar; o de quienes se subieron en aquel tren sin saber que iba a ser la última vez. Ni siquiera tuvieron la oportunidad de ese ‘adiós‘ para siempre.
Sin embargo, los atentados del 11M también han dejado secuelas irreversibles en un alto porcentaje de esos 2.000 heridos que se estimaron, quienes, desde entonces, conviven ligados a la condición de discapacidad. Ellos ganaron la vida; una completamente nueva, alejada de lo que conocían y soñaban, y probablemente, diferente y más valiosa.
La discapacidad tras los atentados del 11M
Personas que se redujeron a cifras; números que cobraron la condición de humano para hacer una estimación sobre los daños que causaron aquellos atentados. Nunca se va a eliminar el dolor de tantas familias destruidas desde aquella mañana del jueves 11 de marzo de 2004, cuyo eco sigue resonando cada año en su aniversario.
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Tantas vidas rotas y cuantos sueños quebrados, incluso en aquellos afortunados que pueden contarlo a día de hoy. Ellos, una inmensa mayoría, ha tenido que aprender a vivir con la discapacidad como fiel acompañante de vida, adaptándose a una realidad que no cabía en ese tren una vez se cerraron las puertas del convoy.
Pérdida de movilidad, problemas de audición, daños neurológicos o patologías visuales son algunos de los desafíos que hoy enfrentan algunos supervivientes de los atentados. También la carga emocional. No se puede ni se debe olvidar a las víctimas, al igual que hay que poner en valor a quienes el destino quiso darle una segunda oportunidad de vivir.
Las secuelas son permanentes, dando paso a unas cicatrices que no se borran, sino que requieren adaptaciones, claman inclusión y ruegan accesibilidad en los espacios públicos. Son gritos que se oían tras las explosiones en la red de Cercanías de Madrid, demostrando que nadie vive exento a la discapacidad; a veces, es la consecuencia de una tragedia.
Por ello, Inazio Nieva, un activista con parálisis cerebral que trata de visibilizar esta condición, menciona que «recordar el ’11M’ también es recordar esas historias de supervivencia, de vidas que siguieron adelante después de algo que lo cambió todo».
Memoria, respeto y derechos
Después de 22 años, España sigue clamando justicia; llorando a quienes perdieron la vida; y, especialmente, mostrando su respeto a las 192 víctimas mortales, a sus familias y a los más de 2.000 heridos, que vieron con sus propios ojos cómo caía sobre ellos el peso del destino, abocados a la fortuna. Estar o no estar; ser o no ser.
El 11M siempre va a permanecer en la memoria como uno de los días más tristes en la historia reciente de España. Es difícil, tal vez sea imposible, eliminar las imágenes que dejó esa negra jornada informativa. O los testimonios de familiares buscando a viajeros que iban en los trenes saboteados.
Dos décadas después, las personas que sobrevivieron y lidian con la discapacidad, también deben perseguir sus propios derechos como colectivo: reclamar inclusión, fomentar la accesibilidad social y exigir medidas para su autonomía y desarrollo personal. Es dignidad, valor y calidad de vida.
El 11M es un día para recordar a quienes ya no están, pero también para rendir homenaje y admiración a quienes siguen luchando cada día en favor de las personas que perdieron la vida el jueves 11 de marzo de 2004 entre las 07:36 y las 07:40h en Madrid.




