Fomentar el empleo de personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual ha sido -y es- una prioridad social. Aumentar la tasa de desempleo de este colectivo supondría dar un paso de gigante hacia una sociedad inclusiva en todos los ámbitos, incluido el laboral.
De hecho, durante años, distintas asociaciones han tratado de demostrar la imperiosa necesidad de mirar la capacidad antes que la discapacidad y que los candidatos con síndrome de Down únicamente solicitan una oportunidad para mostrar su valía y desempeñar un determinado puesto de trabajo.
No obstante, esa intención no debe ser una pared que impida ver otra realidad que afecta, y notablemente, al mismo colectivo, cómo valoran desde ‘Down España‘: «Qué ocurre cuando esas personas envejecen dentro del mercado laboral y ya no pueden sostener determinadas exigencias laborales del mismo modo que años atrás».
Una realidad emergente de personas con síndrome de Down
Afortunadamente, la sociedad y el sector empresarial ha avanzado en materia de inclusión e inserción laboral de personas con discapacidad. Hace unas décadas, pensar siquiera en el colectivo del síndrome de Down desarrollando un trabajo en empresas «era una entelequia», como tildan desde ‘Down España‘.
No obstante, estos avances han requerido «mucho trabajo, mucha pedagogía y también una transformación progresiva de la mirada social hacia la discapacidad». Sin embargo, actualmente, emerge otra realidad poco abordada respecto a las personas con síndrome de Down en el sector del empleo.
La inclusión laboral no empieza con la firma de un contrato, sino que es, en ese momento, cuando empieza el camino más complejo: «Lo difícil es el mantenimiento del empleo y de esa práctica laboral que requiere hacer uso de competencias transversales».
En definitiva, ‘Down España’ advierte que «nos hemos orientado mucho a abrir la puerta de entrada al mercado laboral y muy poco la puerta de salida«. Esto se sustenta en que el síndrome de Down lleva asociado un envejecimiento precoz «que no va a encajar en el marco tradicional desde el que el sistema analiza la discapacidad en su conjunto, el empleo o la jubilación«.
Por tanto, estos trabajadores comenzarán a desarrollar una involución cognitiva, problemas de agilidad o limitaciones funcionales que afectarán al desempeño laboral: «Se trata de una evolución vital y funcional que forma parte, hoy en día, de la realidad de muchas personas con síndrome de Down«.
Incumplimiento de fórmulas de jubilación anticipadas
«Acceder al empleo y mantenerse en él durante décadas no son exactamente el mismo desafío», aseguran desde la entidad ‘Down España’. Por tanto, esta realidad de personas con síndrome de Down invita a pensar que «apenas hemos reflexionado sobre cómo sostener de manera digna el final de esas vidas laborales«.
Como consecuencia, también aparece otra compleja situación: muchos trabajadores con Trisomía del 21 «no cumplen los requisitos exigidos para acceder a fórmulas de jubilación anticipada«. Y tampoco existe «una incapacidad reconocida en los términos que contempla el sistema».
Mientras tanto, la entidad subraya que «el ritmo laboral se vuelve más difícil de sostener, las tareas se tornan más complicadas y el desgaste empieza a hacerse evidente para todos». Ante ello, abogan por afirmar que «mantener artificialmente determinadas situaciones laborales tampoco debería considerarse inclusión«.
Ya no se habla de cómo acceder al empleo, sino de cómo envejecer dignamente en el mercado laboral. Por tanto, la madurez de una sociedad inclusiva se hará patente en «cómo acompaña, con humanidad y coherencia, el momento en que algunas personas necesitan empezar a salir del trabajo», explica Irene Molina, Coordinadora de la RNECA de ‘Down España‘.






