Sandra A. Sesma ha querido compartir con los profesionales de ‘Autismo España’ el impacto que ha tenido en su vida crecer sin un diagnóstico de autismo y sin los apoyos que ella necesitaba. A ella, como a muchas personas en España, le llegó demasiado tarde el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
A través de su testimonio, Sandra busca dar visibilidad a una realidad que afecta a muchas personas. Del mismo modo, también pretender ayudar a otras personas que han atravesado por una situación similar a lo largo de su vida.
El diagnóstico de autismo como un alivio
En su caso, Sandra asegura que recibir el diagnóstico de autismo, aunque tardío, resultó un alivio. Al respecto, comenta que «por fin pude poner nombre a lo que me pasaba, a esa incomprensión, a esa sensación de sentirme diferente y no encajar en la vida. Gracias a ello me pude quitar la culpa de encima».

El diagnóstico de autismo le llegó a Sandra con 25 años de edad. Ella indica que «es lo mejor que me pudo pasar». Sin embargo, fue un diagnóstico que llegó 25 años tarde, teniendo consecuencias importantes en su vida.
Para Sandra resulta doloroso mirar hacia atrás y ver a esa niña que fue. Se sentía incomprendida y tenía la sensación de que no encajaba. Además, de algún modo, también un sentimiento de culpa hacia su entorno por no detectar su realidad.
«Me dan ganas de gritar a todo mi entorno y acusarles de no verlo. Estaba muy claro, todos mis comportamientos tenían las letras de la palabra ‘autismo’ en grande: Problemas alimenticios, estereotipias, intereses restringidos, problemas para socializar, comportamientos repetitivos, resistencia a los cambios, mutismo, hipersensibilidad…», expone Sandra.
Además, esta joven ya diagnosticada con autismo añade que «en vez de nombrar aquello bajo el nombre de una neurodivergencia y aceptar mi diferencia, me regañaban». El camino hasta recibir el diagnóstico ha sido muy duro para Sandra, tal y como se puede observar en sus palabras.
Ayudar a otras personas a no pasar por lo mismo
Sandra A. Sesma es una joven muy marcada por todo este proceso. Debido a este diagnóstico tardío, ella tampoco pudo acceder a las necesidades que realmente requería en base a su situación.
Respecto a ello, resalta que «hubo etiquetas que me acompañaron injustamente en mi infancia y adolescencia. Todos veían que me pasaba algo, pero nadie me puso la verdadera etiqueta. Si lo hubiera sabido antes no me hubiera llegado a creer todo lo que me decían, no hubiera crecido con culpa».
Sandra siempre pensaba que el problema era ella, autoculpándose de todo lo que ocurría a su alrededor. Todo ello, le llevaba a la tristeza. A pesar de toda esta complicada situación, logró «sobrevivir al mundo como podía».
Echando la vista atrás, Sandra cree que todo habría sido muy diferente en caso de haber recibido antes el diagnóstico de autismo: «Hubiera tenido menos juicios y menos etiquetas que creerme. Me hubieran ayudado y no me hubiera pasado los años en modo supervivencia. Hubiera recibido el apoyo y comprensión que necesitaba. Pero, sobre todo, no hubiera caído por el precipicio. No se hubiera desmoronado toda mi vida a los veinte años impidiendo llegar a las metas que quería alcanzar».
Ahora, asegura que su fuerza es «este dolor» del pasado. Además, su meta es que más niñas y más personas autistas «no pasen por lo que sufrí yo». Por eso, Sandra A. Sesma ha decidido contar su historia y cómo ha afectado a su vida el diagnóstico tardío de autismo.




