Ir a una actividad no es lo mismo que formar parte de ella. Esa es una de las principales conclusiones del informe ‘Ocio accesible e inclusivo en la infancia y adolescencia con discapacidad’, elaborado por Fundación ONCE y presentado este 14 de octubre de 2026.
Según el estudio, el 51,7% de los niños y adolescentes con discapacidad participa en actividades de ocio municipales, pero solo el 46% se siente integrado con sus compañeros y el 40% se relaciona con otros participantes, tal y como recogen Servimedia y la agencia EFE.
El ocio municipal en seis grandes ciudades
El informe analiza el ocio que ofrecen los ayuntamientos fuera del horario escolar y en vacaciones en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga. Los autores aclaran que esta muestra no representa toda la oferta de cada ciudad.
Entre los que no participan, el 22,5% lo intentó sin éxito y el 25,8% nunca llegó a intentarlo. La participación es mayor entre los 6 y los 11 años y desciende en la adolescencia.
Entre sus conclusiones, el estudio subraya que «la presencia en una actividad no equivale a una participación efectiva ni garantiza una experiencia inclusiva».
Mirar mientras los demás juegan
Los datos sobre la experiencia real son llamativos. En el 32% de los casos, el menor con discapacidad se quedó mirando o esperando mientras los demás hacían actividades en las que no podía participar. En el 27%, las familias aseguran que se le animó a abandonar la actividad.
Además, el 46,9% de la participación se produjo en actividades ordinarias sin ninguna adaptación. Según recoge EFE, el informe advierte de que «la respuesta no siempre consistió en adaptar la actividad o reforzar los apoyos».
El grado de apoyo que necesita cada niño marca la diferencia. Ha participado alguna vez el 65% de quienes requieren apoyos ocasionales, frente al 34,9% de quienes necesitan apoyo intenso. Por grado de discapacidad, lo ha hecho el 59,4% de quienes tienen entre un 33% y un 64%, frente al 34,3% de quienes tienen un 65% o más.
Barreras y soluciones que proponen familias y profesionales
Las familias señalan como principales obstáculos la falta de plazas (24%), la exigencia de que un familiar adulto se quede durante la actividad (18%) y la denegación o no admisión del menor (13,8%).
Como facilitadores, destacan las plazas reservadas o garantizadas (31,9%), las ayudas económicas (27,9%) y la información clara y accesible (25,8%). Los profesionales, por su parte, piden disponer de personal de apoyo (55,6%), formación específica de los equipos (51,1%), ratios reducidas (46,7%) y actividades diseñadas para la diversidad desde el inicio (42,2%).
Eso sí, el informe matiza que «la incorporación de una persona de apoyo no garantiza la inclusión» si el niño queda vinculado exclusivamente a quien lo acompaña. Y añade que «el personal y la formación son centrales, pero deben integrarse en una organización inclusiva».
Beneficios claros cuando la inclusión funciona
Cuando la participación es real, los efectos son positivos. Las familias destacan el disfrute y el bienestar emocional (56,9%), la mejora de las relaciones y habilidades sociales (49%), el bienestar familiar (37,3%) y una mejor conciliación (25,5%). El estudio concluye que «la participación genera efectos positivos claros» y apuesta por «pasar de una respuesta fragmentada y reactiva» a una planificación inclusiva.
Para acceder a muchos recursos y apoyos, el primer paso es tener reconocido el grado de discapacidad. En este artículo explicamos cómo funciona la tarjeta de discapacidad válida en toda España desde el 33%.
Las familias que busquen actividades adaptadas pueden informarse en los servicios municipales de deportes, juventud y servicios sociales de su ayuntamiento, así como en las entidades del movimiento asociativo de la discapacidad.