Rocío, con esclerosis múltiple, un 72% de discapacidad y movilidad reducida: «Como hay días que camino bien, me han acusado de usar una tarjeta que no es mía»

Rocío tiene 39 años y le diagnosticaron esclerosis múltiple remitente-recurrente hace once. Tiene reconocido un grado de discapacidad del 72% y la movilidad reducida, y desde hace tres años es titular de la tarjeta de estacionamiento para personas con discapacidad. Hay semanas en las que necesita bastón y otras en las que apenas puede dar unos pasos sin apoyarse en el coche.

«Mi enfermedad no es igual todos los días. Por la mañana puedo estar bien y a media tarde no sentir las piernas. La fatiga no se ve, pero está», explica Rocío a Tododisca.

«Me dijo que la tarjeta seguro que era de mi abuela»

El episodio que más le dolió ocurrió en el aparcamiento de un centro de salud. «Aparqué en la plaza PMR, puse la tarjeta en el salpicadero y bajé del coche sin bastón porque ese día me encontraba mejor. Un señor se me acercó y me dijo que la tarjeta seguro que era de mi abuela y que debería darme vergüenza», relata.

Rocío salió de la consulta dos horas después, con un brote que le hacía arrastrar el pie derecho. «Ese mismo señor me vio volver al coche cojeando. No me dijo nada. Pero yo ya había pasado la mañana sintiéndome una mentirosa», cuenta.

Una tarjeta personal e intransferible

La tarjeta de estacionamiento es personal e intransferible y solo puede utilizarse cuando su titular conduce el vehículo o viaja en él, tal y como recoge el Real Decreto 1056/2014. Para obtenerla es necesario tener reconocido al menos un 33% de discapacidad y la movilidad reducida, una valoración que tiene en cuenta la situación de la persona y no solo cómo se encuentra un día concreto.

En enfermedades que evolucionan por brotes, como la esclerosis múltiple, el grado de afectación puede variar mucho de una jornada a otra. «La gente espera ver una silla de ruedas. Si no la ve, piensa que estás haciendo trampa», lamenta Rocío, que recuerda que la única persona autorizada a comprobar si una tarjeta se usa correctamente es un agente de la autoridad.

«No pido que nadie me aplauda por aparcar. Solo que, antes de juzgar a alguien que baja andando de una plaza azul, piensen que quizá esa persona lleva la peor parte por dentro», concluye.