Eva, una mujer con movilidad reducida y usuaria de silla de ruedas, ha expuesto una cruda realidad que afecta directamente a las personas con discapacidad: las complicaciones que se encuentra este colectivo a la hora de querer hacer un viaje o una escapada improvisada.
Desde la perspectiva de Eva, este hecho se sustenta en el «escaso alojamiento adaptado» que existe actualmente para fomentar que personas con discapacidad puedan emprender este tipo de aventuras. Por el contrario, indica esta mujer, necesitan planificar estos viajes con mucha antelación.
‘Este fin de semana quiero hacer una escapada’ ha pensado Eva en numerosas ocasiones. Sin embargo, cuando todo parece que va ‘viento en popa’, la verdad aparece en escena para ‘recordar’ que la accesibilidad todavía no es un concepto plenamente arraigado al turismo. Aunque ya debería serlo, en beneficio de todas las personas.
Escaso alojamiento adaptado y accesible
Cuando las personas con discapacidad o familias que presentan algún miembro con movilidad reducida organizan un viaje son muchos los factores que se han de tener en cuenta, especialmente aquellos que sí cumplen con las medidas de accesibilidad necesarias.
Eva es una de esas personas que presenta una discapacidad y es usuaria de silla de ruedas. Por tanto, comparte la frustración que le genera no poder hacer un viaje improvisado o una escapada debido a que «no todos los hoteles o alojamientos tienen habitaciones adaptadas«.
Además, los pocos alojamientos turísticos que hay que sí mantienen medidas de accesibilidad «sólo disponen de una o dos habitaciones en todo el edificio adaptadas para una silla de ruedas«, lamenta Eva mediante su perfil de redes sociales (@mucho_quecontar).
Esta realidad colisiona frontalmente con los discursos de inclusión y accesibilidad que oscilan alrededor de las personas con discapacidad en todos los sectores. Por tanto, la escasa adaptación en materia turística también se entiende como una forma de exclusión e, incluso, discriminación.
Además, la accesibilidad de esas habitaciones «hay que mirarla con lupa», sostiene Eva. Ella indica que «no me puedo poner de pie, por lo que no puedo utilizar cualquier baño», agregando que otro problema es que existe «poca oferta para demasiada demanda».
Reservas para personas con discapacidad con meses de antelación
El discurso que divulga Eva sobre la accesibilidad de los alojamientos turísticos para el colectivo de la discapacidad es tan real como sincero. Y ella lo ha vivido en primera plana: «Cuando las personas con movilidad reducida queremos improvisar una escapada o un viaje, se nos hace demasiado complicado, como una película de terror«.
Como consecuencia, estas personas deben hacer las reservas «con muchos meses de antelación» para poder asegurar su estancia en un alojamiento adaptado a sus necesidades. Incluso, en ocasiones, «tenemos que cambiar de ciudad o de país», indica Eva.
Por tanto, como integrante de la comunidad de personas con discapacidad o movilidad reducida, Eva asegura que vive «con la esperanza de que todos los edificios, casas, hoteles, restaurantes, y un largo etc, sean totalmente accesibles y adaptados; que deje ser ciencia ficción la realidad que vivimos».






