A sus 21 años, Luisana Calderón está a punto de cumplir un nuevo sueño: inaugurar en Madrid su primera exposición fotográfica. La muestra reúne una selección de imágenes que reflejan aquello que más le interesa observar a través de la cámara: atardeceres, paisajes, escenas cotidianas, niños y detalles que muchas veces pasan desapercibidos.
«No dispara por disparar. Se piensa muy bien cada fotografía y tiene paciencia para esperar el momento perfecto», explica Aisha, una de las profesoras que la acompaña en su formación artística en España.
Nacida en Costa Rica y con síndrome de Down, Luisana siempre tuvo claro que quería vivir una experiencia fuera de su país. Tras graduarse y estudiar fotografía, decidió trasladarse a Madrid para continuar aprendiendo y desarrollar una mayor autonomía personal.
«Aquí organizo mi cuarto, lavo mi ropa y hago muchas cosas sola», cuenta. Pero más allá de la experiencia vital, Madrid se ha convertido en un espacio para consolidar su crecimiento artístico.

Una voz propia detrás de la cámara
La formación que recibe ha sido diseñada para potenciar tanto sus habilidades técnicas como su creatividad. El programa integra distintas áreas como fotografía, iluminación, edición y comunicación visual.
«Desde el primer momento quisimos crear una experiencia que le permitiera descubrir todo su potencial y desarrollar una mirada propia», explica Gianna Semiglia, una de las coordinadoras del proyecto. Sus profesoras coinciden en destacar una combinación poco habitual: sensibilidad artística y constancia. «Es muy perfeccionista y se toma cada proyecto con muchísima dedicación», señala Semiglia.
Aisha destaca especialmente su capacidad de observación. «Cuando encuentra algo que le interesa, es capaz de detenerse, analizarlo y construir una imagen con intención. Tiene una forma muy particular de mirar».
Esa mirada es precisamente la protagonista de la exposición. Los atardeceres ocupan un lugar especial en su trabajo. «Me gustan porque dan paz», explica.
Su madre imagina la muestra como un reflejo de su personalidad. «Será una exposición llena de color, de luz y de vida, porque así es como ella ve el mundo».
Para quienes la acompañan en este proceso, el arte se ha convertido en una forma de expresión que trasciende cualquier etiqueta.
«El arte conecta desde un lugar muy humano. Cuando uno observa las fotografías de Luisana puede percibir emoción, sensibilidad y autenticidad», afirma Semiglia.

Sin límites impuestos
Cuando nació, sus padres tomaron una decisión que marcaría su trayectoria: no establecer límites anticipados sobre lo que podría o no podría conseguir. «No la sobreprotegimos. Intentamos darle herramientas y confianza para que fuera construyendo su propio camino», recuerda su madre.
Ese camino la ha llevado a participar en proyectos profesionales, realizar trabajos fotográficos y presentar ahora su primera exposición en Europa. En el futuro le gustaría seguir desarrollando su carrera, conseguir clientes en Costa Rica y abrir su propio estudio. También sueña con enseñar fotografía. «Creo que puede lograr todo lo que se proponga», asegura Semiglia.
Luisana lo resume de forma más sencilla:»Hay que creer en uno mismo y seguir intentándolo».






