Jesús Hernández-Galán, director de Accesibilidad e Innovación de Fundación ONCE y director de AccessibleEU, conoce de primera mano las barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad para desplazarse. Usuario de silla de ruedas eléctrica, lo tiene claro: «Para mí, uno de los entornos más hostiles es el transporte aéreo».
En una entrevista con La Vanguardia, Hernández-Galán explica que las pérdidas y roturas de sillas de ruedas en los aviones siguen siendo un problema muy importante. Por eso, siempre que puede, realiza los trayectos largos en tren. De hecho, suele viajar a Bruselas en tren para evitar el avión.
«En muchos casos, el primer obstáculo es salir de su propia casa»
El responsable de Fundación ONCE describe la accesibilidad como una cadena: si se rompe un eslabón, todo el desplazamiento queda comprometido. Y las barreras empiezan antes de lo que muchos imaginan. «Todavía hay muchísimas personas que viven prácticamente encarceladas en sus viviendas por falta de accesibilidad», advierte.
Después llegan las aceras ocupadas por patinetes o bicicletas, los pavimentos deteriorados, los rebajes insuficientes o los semáforos sin información sonora. Y, por último, el transporte: aunque los autobuses urbanos de piso bajo ya son habituales en muchas ciudades, queda mucho por hacer en el transporte interurbano, en algunas estaciones de metro y en el transporte aéreo.
Hernández-Galán pone además el foco en un aspecto del que se habla poco: la formación del personal que atiende al público. Un conductor de autobús que no tenga en cuenta que lleva a bordo a un usuario de silla de ruedas o a una persona con problemas de equilibrio puede convertir un trayecto accesible en una experiencia complicada.
La accesibilidad, una cuestión de derechos y de competitividad
Para el director de AccessibleEU, la falta de accesibilidad tiene consecuencias que van mucho más allá de la movilidad. «Si no puedes acceder al metro, al autobús o al taxi, puede que tampoco puedas llegar a tu puesto de trabajo», señala. Por ello, defiende que la accesibilidad es competitividad: una sociedad en la que las personas con discapacidad pueden trabajar y participar plenamente es más rica y más justa.
También critica que los criterios de accesibilidad se incluyan en los pliegos de contratación pero que después no siempre se compruebe su cumplimiento. Y pide a ayuntamientos, gobiernos y operadores que trabajen de forma coordinada, ya que siguen existiendo diferencias entre ciudades, por ejemplo en las normas de estacionamiento para personas con movilidad reducida.
En España, los usuarios ya pueden consultar el listado de estaciones de tren con servicio de asistencia permanente para personas con discapacidad, mientras que algunas aerolíneas han incorporado herramientas como la app ‘Háblalo’ de Iberia para hacer más accesibles sus vuelos.
Su ciudad ideal es aquella en la que nadie tenga que pensar que va a encontrarse una barrera: «Una ciudad que te dé la bienvenida y te permita participar plenamente en la vida cotidiana».




