La felicidad es una sensación a la que cualquier persona aspira. Ser feliz es una de las emociones más deseadas por cualquier individuo. Tal vez, ese sentimiento, incluso, puede estar en las pequeñas cosas, en las más simples, y que en ocasiones pueden pasar desapercibidas. Porque la vida se vive en esos detalles que parecen irrelevantes.
Una sonrisa, un atardecer o un simpático rato con amigos y familia son algunos ejemplos de una interminable lista. La discapacidad, por tanto, no inhibe la felicidad, sino que invita a vivirla de la misma manera, encontrando nuevas situaciones donde poder sentirla.
En este sentido, Guille Pelegrín (@guille.pelegrin) es un joven con discapacidad visual, campeón de Europa de Paraescalada y una persona de referencia para el colectivo al que pertenece debido a un diagnóstico de retinosis pigmentaria y amaurosis con apenas tres años de edad. Su mensaje traspasa fronteras y es el epicentro de la felicidad.
La discapacidad no se aleja de la felicidad
Guillermo Pelegrín estudia una carrera que «me apasiona», como es Trabajo Social; en el deporte, «me esfuerzo al máximo y compito en lo que me encanta»; su familia y sus amigos, finalmente, siempre le han mostrado su apoyo, cariño y respeto. Son ingredientes para ser «una persona plenamente feliz», como se define.

La discapacidad, no obstante, también está presente en su vida. Pelegrín no puede ver debido a su patología ocular, diagnosticada con tres años de edad. Sin embargo, «el hecho de no ver no tiene nada que ver» con la felicidad, por lo que Guille valora lo «apasionante y divertida que puede ser la vida».
Para este joven, la discapacidad visual no le supone limitación alguna para disfrutar y practicar la paraescalada, que era el sueño de su padre. Por tanto, desde su ejemplo y experiencia, acompañado de una gran madurez, traslada un mensaje en forma de reflexión realmente importante para la sociedad.
«La discapacidad no me impide ser feliz«, valora Guille Pelegrín. Ese mensaje es consecuencia de que «los tiempos han cambiado» y que quienes forman parte de este colectivo «ya no estamos aisladas en casa como seres ‘raros’ y podemos y debemos vivir y disfrutar la vida al máximo».
Igualmente, para aspirar al pensamiento de Pelegrín, él tiene en cuenta dos consideraciones importantes: la discapacidad no está lejos de la felicidad y que «los límites nos los ponemos nosotros mismos», revela, a modo se ‘secreto’ sobre su filosofía de vida.
Concienciar para normalizar
El deporte ha sido un factor importante en la vida de Guillermo Pelegrín. No tanto a modo de motivación, sino porque le ha permitido disfrutar de una modalidad que le gusta, como es la paraescalada. Le ha enseñado valores, compañerismo y le ha hecho ser quien es hoy en día, recoge en una entrevista a la ONCE.
Aspira a dedicar su vida profesional a la integración de personas con discapacidad en la sociedad a través del deporte, que es un ámbito ideal para eliminar barreras y prejuicios en forma de discriminación. Es un camino largo que requiere de muchos apoyos y cambios de mentalidad sociales, pero también es posible.
Para alcanzar la inclusión de la discapacidad, finalmente, Pelegrín aboga por visibilizar esta condición para lograr concienciar a la propia sociedad; concienciar para poder normalizar la discapacidad en todas sus facetas; finalmente, normalizar para poder reivindicar todos los derechos que pertenecen a este colectivo.










