Miguel Martín, de Rehatrans: «Un trayecto incómodo, inseguro o mal adaptado puede generar cansancio, preocupación o rechazo»

El 21,1% de la población española tiene ya 65 años o más, según el INE, y buena parte de esas personas necesita desplazarse con apoyos para algo tan cotidiano como acudir a una consulta médica. Miguel Martín, director de Comunicación y Marketing de Rehatrans, ha puesto el acento en un aspecto que suele quedar fuera de los planes municipales: no basta con que exista un vehículo adaptado, importa cómo se hace el viaje. Lo ha señalado el 9 de septiembre de 2026 en declaraciones recogidas por la agencia Servimedia.

Tener el recurso no equivale a llegar bien

La idea que defiende Martín es que el transporte adaptado se ha medido durante años en unidades disponibles, cuando el resultado real depende de la calidad del trayecto. Es decir, dos municipios con el mismo número de vehículos pueden ofrecer experiencias opuestas según cómo se organicen las rutas, las maniobras y los tiempos de espera.

«La movilidad inclusiva exige atender tanto a la disponibilidad de los recursos como a la forma en que se realiza cada desplazamiento»

El responsable de la compañía lo traduce en consecuencias concretas para la persona usuaria: «Un trayecto incómodo, inseguro o mal adaptado puede generar cansancio, preocupación o rechazo, mientras que una solución adecuada aporta confianza y mejora la experiencia de atención». Ese rechazo es el que acaba desembocando en citas médicas aplazadas o directamente no cubiertas.

El pueblo y la ciudad no tienen el mismo problema

Rehatrans insiste en que «la movilidad inclusiva no puede abordarse mediante soluciones uniformes», porque el obstáculo cambia de naturaleza según dónde se viva. En el medio rural el factor determinante son las distancias entre núcleos de población y la dispersión geográfica: trayectos largos, poca frecuencia y recorridos que encadenan varias paradas.

En cambio, en los entornos urbanos y periurbanos el problema se juega en otro terreno: la frecuencia de las paradas, las maniobras en calles estrechas, la agilidad en las subidas y bajadas del vehículo y la coordinación con los centros y las consultas de destino. Por el contrario que en el campo, aquí el kilómetro no pesa tanto como el tiempo perdido en cada tramo.

La dependencia se atiende cada vez más cerca de casa

El dato que explica la urgencia lo aporta el Imserso: el 57,2% de las prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia se despliega en el entorno comunitario, es decir, sin sacar a la persona de su domicilio ni de su municipio. Si la atención se acerca al domicilio, el desplazamiento deja de ser un trámite ocasional y pasa a formar parte de la rutina semanal de miles de familias.

Esa rutina choca a menudo con la realidad del servicio. Cabe recordar que la escasez de taxis adaptados sigue siendo uno de los cuellos de botella señalados por el colectivo, y que la movilidad también se resuelve a pie de calle, con medidas como las plazas reservadas cerca del domicilio cuando no hay una plaza PMR a menos de 50 metros.

Con todo, el planteamiento de Rehatrans desplaza el debate municipal desde la compra de vehículos hacia el diseño del servicio. La pregunta deja de ser cuántos coches adaptados hay en el parque móvil y pasa a ser otra: en qué estado llega la persona al final del trayecto.