La calidad de vida y el bienestar de las personas con discapacidad no siempre depende de la condición con la que vive; en una mayoría de situaciones, la ausencia de felicidad en este sentido viene precedida del contexto social que les rodea y de la falta de solidaridad, respeto y comprensión a la que están sometidos.
La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica -COCEMFE-, en este sentido, ha dado respuesta al origen del «malestar emocional» que se ha percibido por parte del colectivo de la discapacidad, enumerando cuales son los «factores desencadenantes» de esta compleja tesitura.
La investigación, por tanto, ha permitido analizar desde una perspectiva psicosocial y de derechos, cómo se configura el bienestar emocional de este grupo social. Así mismo, se ha contrastado que la discapacidad no se perfila como una causa para ese descontento, sino que se hila más con el factor ambiental y social de estas personas.
Bienestar emocional de personas con discapacidad
La felicidad no la da o la quita una discapacidad. Ni una silla de ruedas. Ni siquiera gozar de más o menos movilidad. Esa sensación de plenitud reside en la actitud ante ese tipo de situaciones y en el entorno que rodea a la persona que vive con esa condición, que le ayuda a seguir adelante en momentos vulnerables.
Por ello, desde COCEMFE aseguran que ese «malestar emocional» en personas con discapacidad nace «en las condiciones sociales, institucionales y relacionales en las que se desarrolla su vida cotidiana». La falta de inclusión, accesibilidad y respeto hacia este colectivo anula la autonomía personal y la participación activa.
En términos numéricos, la entidad asegura que «el 40,5% de las personas con discapacidad física y orgánica presenta un bienestar emocional muy bajo», mientras que «el 22,6% presenta síntomas compatibles con un cuadro depresivo mayor, frente al 8% de la población general».
Esos datos, recogidos por la Encuesta de Salud España, evidencian una «falta de apoyos adecuados y de reconocimiento social en el bienestar emocional», indican desde esta entidad. Así, la discriminación, la invisibilidad o la inaccesibilidad se alzan como motivos principales que promueven el descontento de estas personas.
Finalmente, el estudio de COCEMFE refleja que «estas condiciones generan situaciones de frustración, soledad no deseada, culpa o sensación de inferioridad interiorizada que afectan al bienestar emocional de las personas». Por tanto, la autonomía y el desarrollo personal se frena en seco ante la falta de oportunidades en una sociedad cruel en determinadas ocasiones.
Derechos, apoyos y reconocimiento social
El presidente de COCEMFE, Anxo Queiruga, por su parte, ha puesto en evidencia que bienestar emocional de las personas con discapacidad física y orgánica no es una cuestión individual ni una cuestión de fortaleza personal. Es una cuestión de derechos, de apoyos y de reconocimiento social«.
Así mismo, subraya que «cuando las instituciones no garantizan los recursos necesarios, cuando el entorno no comprende las necesidades de las personas o cuando el sistema no ofrece los cuidados suficientes, el malestar emocional se convierte en una consecuencia evitable de la desigualdad» para el colectivo de la discapacidad.
Del mismo modo, el estudio de COCEMFE también valora «el apoyo entre iguales, la pertenencia a redes asociativas, el acompañamiento empático y la participación activa en la comunidad» como factores que trabajan en favor del bienestar y calidad de vida de quienes componen este colectivo.
Finalmente, se deduce que «estos elementos permiten reconstruir la autoestima, fortalecer la autonomía personal y generar sentido de pertenencia«. Por ello, Queiruga señala que «el bienestar emocional es una parte ineludible del derecho a la salud y del bienestar integral de las personas con discapacidad física y orgánica«.




