Las personas con discapacidad es el colectivo que lidera la tasa de desempleo. Esta ardua realidad se sustenta en los prejuicios y en las falsas creencias de que estas personas no están capacitadas para desempeñar la profesión como cualquier otro compañero del sector laboral. En este sentido, Anna Martínez Marín, una joven de 20 años con síndrome de Down y residente en El Prat de Llobregat, un municipio de la provincia de Barcelona, ha mostrado en redes sociales su emoción y felicidad tras haber finalizado su primer día de trabajo en prácticas en un establecimiento hotelero, algo que no suele ser habitual, aunque sí debería serlo.
La madre de Anna ha manifestado, en una publicación en su perfil de redes sociales, ante una comunidad superior a los cuarenta mil seguidores, que ver a su hija salir con esa sonrisa del trabajo ha sido «uno de esos momentos que te remueven por dentro y te ponen la piel de gallina«. La incorporación de personas con discapacidad al sector empresarial es una tarea pendiente para lograr generar conciencia y sensibilidad sobre este colectivo, notablemente perjudicado en la contratación profesional y que suelen quedar a merced del entorno familiar. No obstante, Anna y su síndrome de Down se han encargado de demostrar que «si sólo ves el Down te pierdes el Don«, como cita el lema de AsinDown, con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down del año 2024.
Crecer, avanzar y ocupar un lugar
Cualquier avance o paso adelante que logren las personas con discapacidad siempre será motivo de celebración. Sin embargo, cada vez más, este colectivo está acostumbrando a romper todo tipo de barreras, prejuicios y a esquivar miradas que buscan empequeñecer estos logros. En esta ocasión ha sido el ejemplo de Anna, una joven de Barcelona que presenta síndrome de Down, una condición genética y congénita, caracterizada por la presencia de un cromosoma extra en el par cromosómico 21, por lo que también se conoce como Trisomía del 21. La incorporación como trabajadora en prácticas en esta cadena hotelera ha sido, sin duda, «lo más emocionante de mi semana», indica la madre de la joven.
El vídeo, que muestra la felicidad y la emoción de Anna saliendo por la puerta de su trabajo, permite deducir el bienestar emocional de la recién contratada, algo que permite valorar la vida y sentirse agradecido por cada paso de gigante que se da en materia de inclusión y accesibilidad de las personas con discapacidad en el entorno laboral. El éxtasis y la sensación de sentirse realizada supone que, para esta familia, la verdadera felicidad residen en una sonrisa y en los minúsculos detalles cotidianos: «A veces la vida nos regala instantes que parecen pequeños, pero para nosotras son gigantes«. El síndrome de Down no le ha servido de excusa, sino como pretexto para sacar a relucir su don.
Ver esta publicación en Instagram
Del mismo modo, la plena felicidad de Anna se hace extensible en la mirada cómplice de su madre, que comparte sus emociones y le abraza como refugio, mientras que esta joven de El Prat de Llobregat apenas puede aguantar las lágrimas bajo el rezo de que le ha ido «super bien» su primer día de trabajo en prácticas. Por tanto, su madre, figura de referencia en la vida, subraya que «verla crecer, avanzar, ocupar su lugar en el mundo con esa sonrisa tímida y ese brillo en los ojos es todo lo que siempre soñé para ella«. El sendero que ha tenido que recorrer Anna, probablemente, no haya sido totalmente llano y haya tenido que enfrentarse a alguna cuesta empinada y curvas peligrosas, pero ha sabido siempre mantener la mirada recta para pelear por un objetivo, que lo ha conseguido bajo el apoyo constante de su familia.
«Lo está consiguiendo»
Lograr. Conseguir. Alcanzar un objetivo. Ese es el reto que tiene por delante Anna desde el momento que nació, que lo hizo en compañía de un cromosoma extra que le ha originado la condición de síndrome de Down. Nada le ha impedido comenzar a trabajar con un contrato de prácticas en una cadena hotelera de El Prat de Llobregat, a quien, tanto su madre como ella se muestran muy agradecidas por la oportunidad y por fomentar la inclusión laboral de personas con discapacidad. Por tanto, la familia de esta joven catalana lo grita «bajito, pero con el corazón lleno: lo está consiguiendo«, sabiendo que «tenerte cada día a mi lado es de lo más bonito que me ha regalado la vida», detalla su madre.

Así mismo, el orgullo de la madre de Anna es de tal calibre que afirma no tener palabras para poder describir esa sensación de plenitud. Sólo ellas saben lo que han batallado para llegar hasta este punto, cuántas barreras han tenido que romper y cuantas miradas de prejuicios han tenido que obviar. Por ello, el deseo es claro y muy definido, que esta figura materna no duda en exponer: «Ojalá siempre tenga un camino lleno de oportunidades y personas que sepan ver la magia que lleva dentro«, manifestando la necesidad de ver la capacidad en lugar de la condición y subrayando que «si sólo ves el Down te pierdes el don«.




