Desde que los más pequeños van adquiriendo uso de razón, los expertos advierten de la importancia de inculcarles los valores de sensibilidad y de inclusión respecto a las personas con discapacidad. Eso es, precisamente, lo que están haciendo los padres de Gonzalo con él y con su hermana Isabel, que tiene síndrome de Down.
La discapacidad es una condición que no se elige: puede ser congénita -de nacimiento-, adquirida o aparecer con motivo del envejecimiento de la propia población. En cualquiera de estos casos, merece ser respetada, dignificada y normalizada dentro de una sociedad que no siempre le recibe con los brazos abiertos.
Por ello, el ejemplo de Gonzalo, un niño de apenas cuatro años de edad, está causando furor en redes sociales por la ternura con la que habla de su hermana Isabel, menor que él, que presenta síndrome de Down. Esa es la perspectiva que todos deberíamos adquirir respecto a la discapacidad.
Gonzalo, un niño de 4 años que normaliza el síndrome de Down
Como cualquier otra condición, el síndrome de Down de Isabel lleva viviendo con Gonzalo desde que a su madre le auguraron esta posibilidad de forma prenatal, que se confirmaría en el momento de nacer. Por ello, los padres de estos pequeños han trabajado desde el primer instante para concienciar y sensibilizar sobre esta realidad.
«El síndrome de Down es una condición genética con algunos rasgos característicos pero que no definen a una persona. Algunas cosas se aprenden más lento, algunas más rápido«, indica Gon Vivant, padres de Isabel y Gonzalo, en su perfil de redes sociales.
De hecho, también revela que «una constante de Isabel es que la tenacidad de su personalidad la lleva a lograr» pequeñas cosas «siempre». Es una forma de superación y de decir ‘aquí estoy‘ para demostrar que el síndrome de Down no resta ni limita, simplemente acompaña en el proceso que es la vida.

Así, la pequeña de la casa, Isabel, aunque ella no lo sepa, cada día otorga una lección de vida a su familia: «Ni Gonzalo ni yo somos expertos, pero todos los días aprendemos de Isabel y ella de todos quienes están alrededor», detalla su padre. La inclusión comienza desde la casa y desde la propia familia.
«Isabel tiene una carita diferente», explica Gonzalo con ternura sobre el síndrome de Down de su hermana; acto seguido, indistintamente, también asevera que «puede hacer las mismas cosas que yo». Fruto de la inocencia y del gran trabajo de estos padres, sendos menores tienen mucha suerte de tenerse el uno al otro.
Preguntar para entender
Desde que los padres de Isabel recibieron el diagnóstico de síndrome de Down, su vida ha estado encaminada en dos direcciones: por un lado, otorgar el mayor bienestar posible a la pequeña y dotarle de la mayor naturalidad y autonomía posible; por otro, trabajar en la sensibilidad y conocimiento respecto a su hermano Gonzalo.
Así, este trabajo no ha sido en vano: Gonzalo ya conoce que el rostro de su hermana es «diferente al de otras niñas«, pero lo es al igual que el de todos, por que no existen dos personas idénticas: «Es una integrante más de este equipo, al igual que yo».
Por ello, con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down, esta unidad familiar estima que es el momento ideal para para «preguntar si es que tenemos dudas, de investigar si no sabemos, pero sobre todo, de entender que esta normalidad la vivimos muchos».
Cuanto más se hable, se tengan en cuenta sus opiniones y se normalice el síndrome de Down como una característica más de las personas, Gon Vivant, padre de Gonzalo e Isabel, cree que «este mundo va a ser mucho más bonito para todos».




