Harón es un niño de la Ciudad Autónoma de Melilla que, desde que llegó al mundo, demuestra cómo los límites y las barreras están para sortearlos. Con un diagnóstico de espina bífida, este joven practica parkour a bordo de su silla de ruedas y elimina cualquier tipo de estigma sobre la capacidad de la discapacidad.
A través de redes sociales (@haronysuslogros), este pequeño enseña cómo el deporte inclusivo y adaptado es una herramienta imprescindible en su vida y la modalidad que le permite demostrar que la espina bífida es una simple condición más de su cuerpo, testigo directo de todos sus logros.
Así, del mismo modo, Harón también quiere normalizar la discapacidad y reivindicar sus derechos y reconocer el papel de las personas que viven con ella, que en España superan los 4.4 millones de ciudadanos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística -INE.
Harón y un diagnóstico de espina bífida
De manera congénita, el pequeño Harón vive con un diagnóstico de espina bífida. Le impide poder usar sus piernas y, por tanto, ser usuario de silla de ruedas. Sin embargo, este joven melillense se ha adaptado de una manera admirable a la discapacidad para demostrar que ‘lo imposible sólo cuesta un poco más’.
Dee este modo, el deporte siempre ha sido una máxima en la vida de este joven. El parkour se ha perfilado como la modalidad en la que comenzó destacando desde que era pequeño; ahora, el ciclismo adaptado también ha ganado enteros para poder participar en diferentes competiciones.
En esta línea, Harón ya está inmerso en el ciclismo adaptado y se ha convertido en el primer representante local en un campeonato de España de ciclismo paralímpico en edad escolar. Para ello, hace uso de su handbike, con la que aspira a seguir derribando barreras alrededor de la discapacidad y la espina bífida.
«Sí, tengo una discapacidad. Pero eso no quiere decir que no pueda hacer cosas», explica Harón en redes sociales, convencido de que es una condición que «no me define y mucho menos me frena«. Este joven practica deporte, entrena y se esfuerza, a pesar de la adversidad, «porque sé que puedo«.
De hecho, a pesar de su juventud, ha aprendido que «la fuerza no está solo en el cuerpo, sino que también está en la mente, en las ganas y en la actitud«. Finalmente, estima que «cuando creemos en nosotros mismos, los límites desaparecen».
De lo cotidiano a una conquista diaria
Debido a la espina bífida que presenta, Harón -con H de Héroe- ha tenido que adaptarse a las circunstancias y aprender a realizar acciones y gestos que para algunas personas sin discapacidad pueden ser sencillos y apenas conllevar dificultad, pero para él requieren tiempo y espacio.
«Lo que para algunos es un gesto cotidiano, para otros es una conquista diaria«, refleja Harón en una publicación en la que muestra cómo es el proceso de apearse de un vehículo para sentarse, por sí mismo, en su silla de ruedas: «Cada pequeño gesto es una gran victoria«.
Bajo el pensamiento de insistir para seguir «mejorando la técnica, ganando independencia y demostrando que los límites los pone uno mismo«, Harón no escatima esfuerzos y continúa su puesta a punto en el deporte, una vía por la que normaliza la capacidad de personas con discapacidad.






