Salir de su propia casa con normalidad. Cuando quiera. Sin depender de nadie. Ese es el deseo de Miguel Vico, un vecino de Palma de Mallorca que se enfrentó a la compleja situación de pérdida de sus dos piernas, lo que le ha derivado en tener reconocido un grado de discapacidad reconocido del 71%.
Con motivo de esta realidad, Vico no puede gozar de la autonomía y de la independencia que le gustaría como persona con discapacidad. Además, reside en un la tercera planta de un edificio sin ascensor, por lo que salir de su vivienda es una verdadera odisea ante la falta de accesibilidad del inmueble.
No obstante, la comunidad de vecinos aprobó por unanimidad la instalación de una silla salvaescalera para permitir la movilidad de Miguel por el edificio y otorgarle las facilidades necesarias para salir a la calle. El retraso en la instalación de esta adaptación, tal y como denuncia el afectado en un vídeo que podrás encontrar en ‘Última Hora’, le obliga a arrastrarse «por las escaleras».
Un hombre con discapacidad, atrapado en casa
Miguel no pide nada extraordinario. Ni si quiera complicado. Únicamente ruega poder salir de su propia casa y disfrutar el día a día con total normalidad, sin necesidad de tener que esquivar la primera barrera arquitectónica dentro del propio edificio en el que reside en Palma de Mallorca.
Ante la falta de ascensor y motivado por habitar un piso del tercer piso, la única posibilidad que este hombre con discapacidad tiene de salir de casa es hacer fuerza con los brazos y deslizarse por los escalones: «Si quiero salir de casa tengo que arrastrarme como una culebra por las escaleras», recoge ‘Última Hora‘. Eso es calidad de vida.
Sin embargo, la solución no es compleja y está aprobada por unanimidad en la Comunidad de vecinos, que apoyan a Miguel para que pueda hacer una vida lo más independiente posible: la instalación de una silla salvaescalera que permita mejorar la accesibilidad dentro del inmueble. Sin embargo, un año después, Vico sigue a la espera.
La notable discapacidad física de Miguel le inhibe ese poder de decisión libre para salir a la calle a hacer cualquiera de las tareas que pretenda, por lo que la obra para instalar esta adaptación es indispensable para él. Mientras, Vico continúa pagando «mis cuotas como todos los vecinos, pero no puedo entrar y salir de casa como cualquier vecino».
De este modo, como el propio afectado relata, el motivo del retraso en esta silla salvaescalera reside en que «el administrador de la finca no ha completado la tramitación necesaria para que la entidad financiera pueda autorizar el préstamo que debe sufragar la obra«. Su discapacidad no es una barrera; sí lo es la falta de empatía.
Falta de accesibilidad y comprensión
El coste total, según detalla ‘Última Hora’ para la instalación de esta silla salvaescalera asciende a un total de 22.000 euros, una cantidad que responde a 20 euros mensuales por cada vecino, quienes apoyan esta obra: «El administrador no termina de enviar toda la documentación y el proceso se queda parado», expone Miguel.
Mientras tanto, «pasan los meses y todo sigue igual«. La discapacidad de Vico deriva en graves problemas circulatorios y complicaciones médicas consecuentes de la diabetes; finalmente, los médicos decidieron optar por la amputación de ambas piernas.
Ahora vive con una falta de accesibilidad que le resta calidad de vida, pero desde que batalla con la discapacidad. Miguel también ha sido diana de la incomprensión y de la falta de empatía, algo que ha afectado a su estado emocional: «Después de todo lo que he pasado con la enfermedad, ahora me encuentro atrapado en casa por algo que ya está aprobado«.
Tras permanecer 18 días en la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI- y sobrevivir a un infarto durante la operación, Miguel Vico vive como en una «cárcel» se tratara por su discapacidad y falta de accesibilidad y ruega agilizar esta operación burocrática: «Les pido por favor que lo tramiten con rapidez; yo lo haría por cualquiera«.




