Debido a una meningitis, Paloma López perdió manos y piernas, motivo por el que se califica como «poliamputada». Logró ver la luz en el mundo del maquillaje, donde se ha especializado como una profesional con discapacidad, valorando la importancia del entorno y de profesionales para aceptar esta condición.
Su historia comienza siendo una niña de dos años: una sepsis meningocócica en su torrente sanguíneo deriva en la amputación de sus cuatro extremidades. Era la única posibilidad para salvar su vida. Desde entonces, la discapacidad le ha acompañado a cumplir todas sus metas, y las que están por llegar.
Hoy, con 26 años, Paloma es una reputada maquilladora social que muestra su trabajo mediante redes sociales (@palomake_up). Cada pincelada no es un trabajo más, sino un recordatorio de que la capacidad siempre será superior a la discapacidad y que la limitación puede ser oportunidad.
El entorno y profesionales, claves para aceptar la discapacidad
A medida que Paloma iba creciendo, ya comenzó a caer en la cuenta de que su físico era foco de miradas y comentarios poco agradables y lejanos a la inclusión y normalidad de la discapacidad: «Esas actitudes me empezaban a molestar».
Sin embargo, gracias al apoyo y respaldo permanente de su entorno, además de la ayuda de profesionales del mundo de la psicología, López iba, poco a poco, comprendiendo cuál era e iba a ser su realidad desde ese momento hacia delante. Y todo cambió.
Ella misma indica que «no me gusta decirlo como una historia de superación«, sino que aboga por la sencillez: «Es aprender a vivir con lo que me tocó«. Ante este inesperado e importante desafío, Paloma desarrolló una fortísima identidad e independencia que le han impulsado hasta el día de hoy.
Sin embargo, reconoce que para lograr esa comprensión y aceptación de la discapacidad se tuvo que apoyar en «tres pilares fundamentales», mencionando a su familia, a su núcleo de amigos más cercano y a su psicólogo. Así, «poco a poco fue animándome a hacer todo aquello que no creía posible«, reconoce.
Ahora, con la perspectiva del tiempo, esta maquilladora es capaz de calificar la discapacidad como «un momento por el que hay que pasar». No se puede explicar», sino que, a su juicio, «es necesario para aprender y para crecer como persona».
El maquillaje, una forma de expresión
«Un arte» o «una forma de expresión» son los calificativos con los que Paloma López define qué es para ella el maquillaje y qué importancia tiene en su vida. De hecho, reconoce cuáles fueron los motivos que le impulsaron a este sector.
Sus inicios estuvieron marcados por el maquillaje a sí misma: «Me dolía mucho la mirada de la gente. No es fácil salir a la calle y sentirme observada todo el tiempo por mi físico». Posteriormente, asegura que encontró «ese mimo de confianza que estaba buscando».
Esa sensación de seguridad en sí misma repercutía en una sensación de poder y ayuda para «que la gente me mire a los ojos» y no a la discapacidad. Sin duda, López reconoce que este «arte» le ayudó a subir su autoestima.
Finalmente, indica que «sentirme así de bien me impulsó a estudiar esta hermosa carrera y a querer transmitir este poder que siento pero sin perder el foco. El maquillaje es para disfrutarlo y utilizarlo para lo que nos haga bien«.




