El propósito de Armando Folgado, con 45 años y una discapacidad: «Convertir la accesibilidad en un derecho cotidiano»

Una enfermedad neurológica le arrebató la movilidad y sensibilidad de cuello hacia abajo, pero la discapacidad no le frena para reivindicar la accesibilidad

El propósito de Armando Folgado, 45 años y una discapacidad: "Convertir la accesibilidad en un derecho cotidiano"

Armando Folgado y su deseo sobre la accesibilidad de personas con discapacidad./ Facebook

Para Armando Folgado, «respirar con el alma» no supone ninguna metáfora, sino que es su manera de estar en el mundo. A sus 45 años, es una persona con discapacidad a causa de una pentaplejia, causada por un virus autoinmune que el arrebató la sensibilidad y movilidad «de cuello hacia abajo», explica.

Natal de Barcelona, la Ciudad Condal, Folgado se define a sí mismo como «empresario, deportista y un padre
que corría a todas partes». Sin embargo, en el año 2014, su vida cambiaría para siempre en cuestión de una semana: «Pasé de la acción al silencio; de la independencia a la necesidad de ventilación asistida», lamenta.

Desde entonces, Armando ha decidido compartir «una mirada posible, incluso cuando el cuerpo se detiene». Además, manifiesta que tiene un importante propósito de vida, que es fomentar y convertir la accesibilidad en un derecho cotidiano en favor de las personas con discapacidad y con movilidad reducida.

La accesibilidad, el principal objetivo de Armando Folgado

Nadie está exento de renunciar a la accesibilidad. A pesar de que en estos momentos no se conviva con una discapacidad o con alguna limitación, a medida que, simplemente, vaya pasando el tiempo y la edad vaya pesando cada vez más, las fuerzas se irán fundiendo y la ayuda será indispensable.

Mientras, personas como Armando Folgado construyen su propósito de vida siendo usuario de una silla de ruedas y viviendo la discapacidad como testigo directo. Como él mismo revela, trabaja para «convertir la accesibilidad en un derecho cotidiano» para cualquier ciudadano, dotándola de absoluta normalidad social.

Igualmente, aporta que su misión en la vida es «inspirar sin victimismo» y «dar voz a quienes no siempre la tienen«. En ocasiones, el colectivo de la discapacidad parece quedar en segundo plano ante la falta de inclusión que todavía se hace latente en la sociedad; como si de un hecho discriminatorio se tratase.

Desde que en cuestión de pocos días Folgado perdiese la movilidad y sensibilidad desde el cuello hacia abajo, asevera que dedica su vida a dar charlas y conferencias, colaborando también en proyectos que «amplían la dignidad y la autonomía de las personas».

Por ello, no duda en confirmar que «una sociedad accesible no es caridad, es justicia». No se trata de un privilegio para el gozo de un único colectivo -el de la discapacidad-, sino que es extensible a cualquier persona, impulsando el bien común y abriendo el camino a una sana convivencia.

Escuchar verdades incómodas

La enfermedad neurológica de Armando Folgado no fue, ni mucho menos, una opción; fue una imposición de una vida que no entiende de perfiles: «No elegí lo que ocurrió, pero sí cómo contarlo«, insiste. A raíz del fugaz diagnóstico que le cambió la vida, entendió que «también se puede avanzar desde la quietud«.

Aprendió a «amar con menos cuerpo y más presencia, y volver a habitarse desde la gratitud». Por ello, sus charlas van orientadas a ofrecer un testimonio que genere un cambio en la audiencia, dispuesta a escuchar «verdades incómodas, humanas y necesarias«.

Con la intención de ofrecer «una experiencia que toca el alma«, Folgado detalla que su intención no es dar lecciones de ningún tipo, sino, más bien, «poner palabras a lo que muchos viven en silencio«, concluyendo que «mi historia comienza cada vez que alguien la escucha.

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