Mario Martínez, de Burjassot (Valencia), tiene 48 años y ha logrado algo que nadie había hecho antes: convertirse en el primer atleta sordociego del mundo en competir en carreras de ultradistancia. Su hazaña más impactante fue recorrer 438 kilómetros en siete días, desde la Comunidad Valenciana hasta Madrid, con un único objetivo: dar a conocer el síndrome de Usher, una enfermedad rara que le está dejando sin vista ni oído.
«Estoy muy agradecido a esta enfermedad porque me ha convertido en la persona que soy; me permite divulgar la sordoceguera y romper todo tipo de barreras».
La frase que derrumbó su mundo
Mario empezó a notar los primeros síntomas a los 38 años, cuando su campo visual comenzó a cerrarse. Aunque intuía que algo así podía llegar, lo que más le dolió no fue el diagnóstico ni tener que dejar su profesión, sino las palabras del médico en la consulta: «Te vas a quedar ciego. Te vas a quedar sordo. Pero, hoy por hoy, no hay una cura». En apenas dos años, su visión se redujo drásticamente.
Lejos de rendirse, Mario transformó ese golpe en propósito. En las paredes de su casa cuelgan innumerables medallas de las pruebas en las que ha competido, y a día de hoy ya es campeón del mundo. Ha llegado incluso a coronar el pico del Veleta, en Sierra Nevada, a 3.398 metros. Compite con una camiseta que lleva escrito el nombre de su enemigo invisible, el síndrome de Usher, gracias al patrocinio de la marca que le acompaña.

Lo que impulsa a Mario es, sobre todo, su hija Érika, de 11 años, su gran motivación para seguir adelante y para reclamar más investigación sobre esta patología, de la que existen cuatro tipos y para la que, en su caso, aún no se ha identificado el gen exacto, aunque todo apunta al tipo III, que «se despierta en la edad adulta».
Su historia es la de alguien que decidió correr precisamente cuando el mundo se le apagaba, convirtiendo cada kilómetro en una forma de gritar el nombre de una enfermedad que muy pocos conocen. Su ejemplo demuestra que las barreras, muchas veces, están más en la mirada de la sociedad que en el propio cuerpo.
Además de competir, Mario dedica buena parte de su energía a recaudar fondos para la investigación del síndrome de Usher y a normalizar una discapacidad que casi nadie conoce. Cada carrera, cada cumbre y cada medalla se convierten así en una plataforma para explicar qué es la sordoceguera y cómo se puede seguir viviendo una vida plena con ella. Es, en definitiva, un atleta que corre no solo por sí mismo, sino por todas las personas que comparten su diagnóstico.
Puedes conocer toda su historia en la entrevista que le hicimos en Tododisca.




