Desde muy pequeña, siempre pensó que se podría llegar a quedar ciega por diferentes problemas de visión que presentaba. Más tarde, los augurios se confirmarían y Mar Arias perdió el sentido de la vista en uno de sus ojos, algo que fue «bastante impactante«. Desde entonces, ha dedicado su vida a cuidar, enseñar y ‘escuchar’ los órganos visuales.
«Nos hicieron creer que ver mal era normal«, defiende esta educadora visual, como se describe en su biografía de redes sociales, un espacio donde se encarga de divulgar diferentes técnicas para cuidar los ojos de manera natural. No obstante, aclara que estos ejercicios «no son un sustituto del tratamiento médico oftalmológico y optométrico convencional«.
Por tanto, el trabajo de Mar Arias se centra, principalmente, en ofrecer una serie de técnicas y mecanismos que mejoren la visión de manera natural y nada invasiva: «A los 37 años me quedé ciega de un ojo durante días. Y ahí empezó mi viaje», relata esta educadora.
Aprender a cuidar los ojos
El desgaste de la vista puede tener fatales consecuencias para las personas afectadas, ocasionando graves problemas de visión e, incluso, una discapacidad visual importante. En esta línea, Marta indica que su vida ha estado marcada por la pérdida de visión en uno de sus órganos y en un ‘más’ permanente: «Más graduación, más gafas, más lentillas«.
A pesar de no entender el motivo, siempre ha crecido con una frase que se le instaló en todo su entorno, incluso cuando no veía de la forma correcta: «Te tienes que acostumbrar«. Sin embargo, en la vida, Mar cree que «hay cosas a las que no deberíamos acostumbrarnos nunca».
Relata que era un niña de seis años cuando le colocaron sus primeras gafas. Recuerda que eran rosas y que al principio no lograba ver bien a través de estas lentes; la respuesta, esperable, residía en un continuo ‘Ya te acostumbrarás‘ o un ‘Es normal, dale un tiempo‘. Sin embargo, Mar no se acostumbro, sino que se adaptó a no ver bien.
«Siempre me sentí la rarita de la familia, todos veían bien. Yo no, eso me molestaba», admite. Tiene mil anécdotas donde quitarse las gafas le suponía un problema de importante severidad, como aquellos días de verano en los que acudir a la playa para bañarse era una odisea: «Mi madre clavaba una sombrilla de colores en la arena para que tuviera un punto de referencia y poder volver«.
De este modo, «con los años la miopía fue subiendo sin freno«, por lo que el sentido de la vista de Mar Arias cada vez estaba más debilitado y requería de nuevas graduaciones para poder ver de la mejor manera posible. Ella sentía «como no ver podía ponerte en peligro«. Finalmente, concluye que «solo quería ver bien. Ser normal. Libre. No depender de nada. Y entonces apareció la operación«.
Soñar con abrir los ojos y poder ver
Ese era el sueño de Mar Arias. Tener la capacidad de abrir sus ojos todo lo grande que pudiese y poder ver la realidad, reconocer e intuir con un simple vistazo todo lo que había a su alrededor. Recuerda cada vez que acudía a un especialista de la oftalmología formulaba siempre la misma pregunta: «¿Me puedo operar ya?».
La respuesta, por su parte, también solía ser idéntica en cada ocasión: «Eres muy joven. Tienes que esperar y a miopía tiene que estabilizarse. Ve graduándote y a ver» Cansada de tantas visitas, optó por hacer «algo muy loco»: dejar de graduarse la vista. Desde entonces, su visión «No mejoró. Pero no empeoró«.
Mar fue intentando mejorar su visión de manera natural. Ese proceso no sólo le hizo ver mejor, sino que empezó a sentirse «más segura, a tener más energía al final del día«. También le permitía tener una mayor libertad y confiar «más en ti y en lo que miras«.
Por ello, después de superar determinados problemas visuales y tras haberlo vivido en primera persona, Mar Arias define que «cuidar tus ojos es cuidar tu calidad de vida«, destacando que es un aspecto «mucho más profundo de lo que parece«.




