¿La discapacidad y la inclusión van de la mano? Esa es la pregunta que tantas veces nos hacemos y tan pocas veces tiene respuesta, al menos en el apartado práctico. Teóricamente, siempre creemos que hay una única dirección, a pesar de que no siempre la realidad dicte el mismo camino.
Los expertos en materia educativa insisten en que todavía falta mucho por recorrer para lograr que la inclusión sea una realidad palpable en las escuelas y centros escolares, algo que repercute seriamente en la actitud de los más pequeños, que quedan excluidos por alumnos y docentes de las actividades.
En este sentido, Maru Brus es conferencista internacional y trabajadora en educación inclusiva, por lo que conoce bien cómo funciona la cultura de la inclusión respecto a las personas con discapacidad. Su trayectoria le permite mirar más allá y hacer una radiografía de la actualidad: «La inclusión no es una opinión«.
La inclusión debe dejar de ser un discurso
Todas las personas sabríamos describir, con mayor o menos grado de acierto, qué es la inclusión y cómo fomentarla. Sin embargo, esos teóricos conocimientos no concuerdan con los comportamientos sociales, que repercuten en las escuelas y, por tanto, afectan a la calidad del sistema educativo.
Muchas actitudes que inhiben esa actitud inclusiva, por consiguiente, permanecen amparadas por el silencio y por el ritmo de la sociedad, que insta a que pasen desapercibidas. Sin embargo, Maru Brus afirma que «prefiero incomodar antes que ser parte del silencio«.
Esta profesional trabaja en materia de inclusión, discapacidad y acompañamiento de trayectorias educativas, por lo que ha podido conocer de primera mano los comportamientos que se adoptan respecto a los alumnos que presentan algún grado de discapacidad, ya sea una condición visible o invisible.
Igualmente, su proyección le permite indicar que «cuando una escuela dice que no puede, no está describiendo una imposibilidad técnica. Está tomando una decisión organizacional. Y las decisiones organizacionales no pueden limitar derechos». Esa capacidad de descifrar mensajes es la que ha provocado que Brus sea una referencia en este ámbito, ofreciendo conferencias a nivel internacional.
Por tanto, su trabajo sigue una marcada metodología que persigue un claro objetivo: que «la inclusión deje de ser un discurso y se convierta en una práctica institucional sostenida» por todas las partes involucradas en el proceso: docentes, instituciones y familias de niños con discapacidad.
Si hay condiciones, no es inclusión
Maru Brus habla y expone sus ideas sin medias tintas y sin dejar lugar a confusión, llamando a las cosas por su nombre y defendiendo un único camino: el de la verdad. Así, detalla que «la inclusión que depende de condiciones deja de ser un derecho y pasa a ser un favor«.
Por tanto, de acuerdo con esa idea, «ningún estudiante debería depender de un favor para poder ir a la escuela«. Por tanto, entre las medidas que pueden favorecer un escenario inclusivo para personas con discapacidad, refleja el hecho de «hacer accesible el entorno, trabajar en equipo, adaptar estrategias, garantizar apoyos o flexibilizar tiempos y modos de aprender».
Al mismo tiempo, lamenta que la inclusión «no se sostiene con discursos», sino que «se construye con recursos, planificación y compromiso real». Ese concepto tan amplio y universal no es un privilegio de unos pocos, sino un derecho fundamental que tenemos todos los ciudadanos para sentirnos y formar parte activa de la sociedad.






