Vivir con discapacidad no es un escenario idílico. Ni fácil. Ni cómodo, en la mayoría de ocasiones. Pero sí es una realidad que deben asumir casi cinco millones de personas en España, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística -INE-. Dentro de ese amplio rango, la adaptación no siempre corre en la misma dirección.
Davide Morana es un atleta paralímpico que ha sufrido la amputación de sus cuatro extremidades: los dos brazos y las dos piernas. Una meningitis bacteriana fue el motivo de este infortunio, que quebró todas las expectativas de vida de aquel ilusionado joven.
No obstante, a pesar de la adversidad y de comenzar a vivir con discapacidad y en una vida que no ‘le pertenecía’, Morana recuperó el impulso necesario y le declaró la ‘guerra’ a aquella amputación para obtener la recompensa de la vida: «Fue el amor hacia mí mismo y a los demás lo que me sacó del abismo«.
Vivir con discapacidad
El calendario marcaba el año 2018 cuando Davide Morana contrajo una «fulminante» infección bacteriana en su torrente sanguíneo. Al inicio de ese diagnóstico, los facultativos confundieron la meningitis con un severo cuadro gripal; finalmente, aquel joven entró en estado de coma inducido.
Fruto de la gravedad que revestía la situación, Morana se enfrentó, sin mayor margen de maniobra, a la amputación de sus cuatro extremidades para salvarle la vida. Desde ese instante comenzaría a vivir una vida ligada a la discapacidad, pero siendo ejemplo de resiliencia y valentía.
La vida se le truncó: Tenía unas rutinas bastante normales, pero muy estresantes«, indica, que se acentuaron con la llegada de la discapacidad, aunque esta condición también le animó a relativizar las cosas y poner orden de prioridades. El deporte, por su parte, también fue un bendito refugio.

Con el paso del tiempo, Davide dotó de normalidad su situación, visibilizando la meningitis e informando sobre la importancia de su prevención. Logró transformar «una tragedia extrema en una segunda oportunidad», estiman desde el podcast ‘Zztalsks‘.
Hoy, Morana utiliza prótesis, «practica deporte y se ha convertido en un referente de superación, compartiendo su historia para ayudar a otras personas que atraviesan situaciones límite». Ha aprendido a vivir con la discapacidad y ha mirado a la vida de frente para gritarle que él no se va a rendir, aunque es una opción.
Rendirse, una opción personal
Cada persona tiene sus propios códigos y sus propios motivos para tomar una decisión u otra a lo largo de su vida; unas serán acertadas y otras erróneas; lo importante, no obstante, es que sean acciones llevadas a cabo con la cabeza y con el corazón, consensuadas, meditadas y alineadas con el deseo.
La frustración también puede aparecer en forma de emoción al caer en los brazos de la discapacidad. O la impotencia, que es difícil de gestionar y de perdonar. Por ello, Davide detalla que, precisamente, «perdonar o aceptar es casi como un super poder que viene desde la mente».
Del mismo modo, relata que la vida es efímera y «nada nos pertenece, ni siquiera nuestro propio cuerpo«. El suyo, en este sentido, quedó invadido por la bacteria del meningococo, que se instaló en el torrente sanguíneo para batallar con la muerte. Por tanto, entiende que «rendirse es una decisión totalmente personal«. Él no lo hizo.




