No es un capricho. Tampoco supone ninguna ventaja. Es, simplemente, un derecho reconocido a nivel internacional en favor de las personas con discapacidad. Fomentar y garantizar la accesibilidad en los espacios culturales se antoja como una medida fundamental para el libre acceso de cualquier espectador.
No es extraño leer comentarios, críticas o denuncias de usuarios de silla de ruedas o personas con movilidad reducida que no pueden hacer uso de su derecho de espectadores en determinadas salas de teatro o de cine por falta de accesibilidad en estos entornos. Esta realidad, por tanto, también es una forma de discriminación.
Así, de acuerdo con la entidad bancaria BBVA, incluir la accesibilidad en este sector implica implica «eliminar barreras físicas, sociales y digitales para que todas las personas puedan participar en la vida cultural, independientemente de su origen, capacidades o contexto socioeconómico».
Fomentar la accesibilidad en espacios culturales
El testimonio de Karina Bautista Rojas, especialista en turismo sostenible de la ONG de cooperación al desarrollo CODESPA, recogido por BBVA, no deja lugar a dudas: «Las principales barreras de acceso a la cultura que hemos identificado están relacionadas con problemas estructurales y sociales«.
La cultura es un sector al que la sociedad está plenamente arraigado: teatros, museos, industria cinematográfica o exposiciones son algunos de los eventos de mayor calado. Todos ellos deben estar adaptados y tener medidas de accesibilidad para que todas las personas tengan el mismo derecho a disfrutar de ellos, Sin excepción.
Y esto se debe a que el artículo 30 de la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas reconoce su «derecho a la inclusión en la vida cultural mediante el acceso a material y actividades culturales en formatos accesibles».

Por ello, este cuadro normativo también recoge que estas medidas de acceso deben orientarse «no sólo en su propio beneficio sino también para el enriquecimiento de la sociedad«. En este sentido, la accesibilidad es un término de índole universal, lo que implica que permite la participación de cualquier persona y repercute en el bien común.
Así, mediante la eliminación de barreras físicas y arquitectónicas, una comunicación inclusiva y formatos accesibles, contenidos culturales diversos y representativos, fomentando la participación de profesionales en accesibilidad se podrá lograr el objetivo de adaptar los espacios culturales a todo tipo de públicos.
La cultura, apta para todos los públicos
Promover la cultura requiere un esfuerzo para lograr llevarla a todos los rincones y a todas las personas; es decir, si se quiere apostar por este sector, es importante que cualquier espectador pueda disfrutar de ella sin barrera alguna que se lo impida, mediante una accesibilidad que permita su autonomía e independencia.
Por ello, desde el Banco Interamericano de Desarrollo han estimado «cinco ejes» sobre los que se puede edificar una deseada realidad: espacios culturales y artísticos aptos para todos los públicos. En primer lugar, BBVA indica que los espacios físicos deben estar «diseñados y adaptados, desde rampas, ascensores, guías podotáctiles, baños accesibles».
Igualmente, el BID menciona los formatos de comunicación «de los eventos y actividades culturales que promuevan la comunicación inclusiva», así como contenidos diversos y representativos «que toquen temáticas y experiencias relacionadas con la inclusión con una perspectiva amplia».
Finalmente, se debe apostar por profesionales capacitados en materia de accesibilidad y sensibilización que puedan diseñar experiencias culturales accesibles para todos y establecer alianzas entre poderes públicos, instituciones culturales, ONG y colectivos de personas con diversidad funcional ‘para identificar desafíos y buscar soluciones'».




