Desde que llegó al mundo, Dylan ha contado con el máximo apoyo y respaldo posible de su familia para hacer frente a la discapacidad. En su caso, una parálisis cerebral es su diagnóstico, que le acompaña de manera congénita. Sin embargo, sus padres trabajan para lograr «que tenga una vida digna«.
En este tipo de situaciones, el entorno más cercano se perfila como una cuestión esencial para lograr la máxima adaptación posible a la discapacidad: «Hemos pasado por muchísimo, hemos derrotado muchos obstáculos y seguiremos luchando por verme bien«, escribe la familia de Dylan en redes sociales (@la_sonrisa_del_guerrero).
Precisamente, el espacio de las redes sociales son uno de las vías de comunicación más recurrentes para tratar de divulgar una discapacidad, que en esta historia es la parálisis cerebral infantil del pequeño Dylan. Mediante mensajes llenos de positividad, esta familia está segura de seguir mirando hacia delante, derribando barreras.
Dylan, un pequeño con parálisis cerebral
Cumplida ya la primera década de vida, Dylan es un ‘guerrero’ frente a la parálisis cerebral. Así lo estima su familia, que se ha volcado en la rehabilitación, adaptación y, en definitiva, a la vida del pequeño para que la discapacidad tenga el mínimo protagonismo posible, convirtiéndola en capacidad y valentía.
No todos los días son fáciles, por supuesto, ni toda la realidad es la que se en redes sociales: hay noches de desvelo y otras que duerme «a pierna suelta»; hay situaciones desagradables y otras llenas de esperanza y futuro; existen momentos de incertidumbre invisible e instantes de orgullo por todo lo que están consiguiendo.
Sin embargo, todos esos escenarios que comparte la familia de Dylan alrededor de la discapacidad tienen un nexo de unión más fuerte que cualquier ‘mal rato’: el amor de unos padres hacia un hijo: «Aún nos falta mucho camino por recorrer pero siempre juntos y pisando fuerte por que nada nos va a detener», detallan.

En esta línea, si existe una idea que los padres de este pequeño tienen grabada en la mente es que «la parálisis cerebral se ha equivocado de cuerpo». Y también de entorno, porque ni su madre ni nadie del seno familiar piensa ceder ni un centímetro a la discapacidad: «No sabía con que mamá se estaba metiendo».
Han pedido dinero para afrontar tratamientos, han hecho rifas para costear tratamientos, han vendido comida e incluso han tenido «que cruzar el charco» en busca de una mínima mejoría en la calidad de vida de Dylan. Y lo volverían a hacer, sin duda, «por el bienestar de estos angelitos», en relación a los niños con discapacidad, aseguran.
La discapacidad llega «para seguir adelante»
En muchas ocasiones, los padres de Dylan han tenido que leer comentarios, escuchar declaraciones o soportar miradas que ninguna familia de un menor con discapacidad -o persona, de cualquier edad- debería recibir. Por ello, su único propósito es lanzar un mensaje de normalidad y de amor hacia su hijo.
«¿De verdad creen que a una madre le gusta ver sufrir a su hijo?», pregunta. La respuesta es sencilla de intuir, a pesar de que haya personas que puedan pensar de manera errónea. Así mismo, valoran que «nosotros no decidimos por la vida de nadie», sino que simplemente buscan qué es lo mejor para Dylan.
Por tanto, cuando la discapacidad, ya sea congénita o adquirida, llega a la vida de una familia, «lo único que nos queda es seguir adelante, con días buenos y con días difíciles, pero siempre luchando y amando». Estos padres trabajan para cuidar de «lo mejor que podemos con lo que tenemos», por lo que invitan a que «si no vas a ayudar, al menos no lastimes con tus palabras«.




