«Me ayudaron a subir y ese es el problema». Con esas palabras resume a la perfección una joven con discapacidad la realidad que viven las personas con diversidad funcional o movilidad reducida en el transporte público ante la falta de accesibilidad.
Para impulsar definitivamente la independencia y la autonomía de las personas con discapacidad, es indispensable apostar por medidas y herramientas que permitan actuar con seguridad en cualquier entorno. «La accesibilidad deja de ser teoría cuando la necesitas de verdad», valora esta psicóloga de profesión en redes sociales (@gir.an.soles).
En su caso concreto, viviendo con diversidad funcional desde el momento de su nacimiento, ha denunciado la falta de accesibilidad a la hora de coger un tren y las escasas medidas que existen en las estaciones de este medio de transporte. Es una realidad que supone una gran barrera y una limitación para quien tiene una discapacidad o viaja en silla de ruedas.
Falta de accesibilidad para coger un tren
A pesar de ser un gesto cotidiano para muchas personas, lo cierto es que no siempre es tan sencillo como aparenta. El tren es un medio de transporte ideal para viajar, pero que, en ocasiones, no cumple con los parámetros de accesibilidad necesarios para los pasajeros con discapacidad.
De esta manera lo refleja una joven psicóloga «sensible e intensa» que convive con la discapacidad y que ha evidenciado los problemas y las barreras a las que se enfrenta el colectivo de la movilidad reducida en este tipo de circunstancias, tanto en el propio tren como en las estaciones.
«La accesibilidad no es una palabra bonita en un cartel, es lo que pasa cuando intentas moverte de verdad», estima. De acuerdo con su testimonio, expone que «hubo manos que me ayudaron a subir y a bajar, y eso dice mucho. Pero no lo dice todo».
Paradójicamente, cree que ahí es donde reside el problema: tener que ser ayudada. La accesibilidad, precisamente, es una cualidad que debe fomentar la seguridad y la autonomía de personas con discapacidad; sin embargo, la realidad es bien distinta: «Hay barreras que no siempre se ven, pero se sienten en cada paso».
A pesar de su juventud pero debido a la discapacidad, viaja acompañada de su andador, que le permite caminar por sí misma, pero también le limita en aquellos momentos en los que la adaptación no es completa a su discapacidad, como ha ocurrido en esta ocasión: «El tren tenía escalones y me tuvieron que ayudar a subir». Lo mismo ocurrió a la hora de apearse del vagón.
Barreras para personas con discapacidad
Ascensores fuera de servicio o empinadas escaleras con un amplio número de escalones por subir son algunas de las señales que ha identificado esta joven psicóloga como principales barreras para personas con discapacidad en las estaciones de tren de Castellón en las que ha ‘estudiado’ su accesibilidad.
Ante esta delicada tesitura, lamenta que «la solución no puede ser depender de la suerte, llegar tarde o buscar otra estación», alegando que se necesita apostar verdaderamente y de forma efectiva por la accesibilidad en favor de los pasajeros con discapacidad.
Ante este tipo de situaciones, alza la voz para exigir que «si algo falla, tienen que existir alternativas reales» y contrastar «que en un tren entero solo haya una puerta accesible no es inclusión». Para ella, y así lo refleja mediante redes sociales, «la accesibilidad no debería depender del ‘a ver cómo lo solucionamos‘».






