Lucía Martínez tiene 25 años, es de Madrid y técnico de enfermería. Vive con una lesión medular desde hace seis años, pero en su historia hay un detalle que le duele más que la propia silla de ruedas: no cobra ninguna prestación porque se quedó «a un día» del mínimo cotizado exigido para poder solicitarla. Un solo día de diferencia hizo que su caso no se considerara accidente laboral, sino «enfermedad común», dejándola sin paga pese a tener un 75% de discapacidad reconocido y un grado II de dependencia.
«El trabajo es algo que necesita todo el mundo para poder vivir; yo no tengo ninguna paga porque me quedé a un día del mínimo cotizado», reconoce con una mezcla de resignación y sentido de la injusticia. Desde entonces, encontrar empleo ha sido «una verdadera quimera»: estando ingresada llegó a recibir una llamada para trabajar que tuvo que rechazar por su situación.

Su historia es, además, la de una superviviente. La lesión llegó de forma repentina durante la primera ola del coronavirus: tras una guardia «movidita» en el Hospital de la Princesa, un fuerte dolor lumbar la despertó y le fue quitando la movilidad. Su formación sanitaria le hizo intuir lo peor. En el hospital descubrieron que se le había reventado un vaso sanguíneo, provocando una hemorragia epidural espontánea y un coágulo que le aplastaba la médula. Como ella misma resume, «si tardo diez minutos más en llegar, se me parte la médula en dos».
Lo que sorprende de Lucía es la naturalidad y el buen humor con los que cuenta todo esto. Se define como una persona resiliente —«tengo muchísima capacidad para afrontar lo que venga»— y muy familiar. Su familia, «una piña» que come, viaja y se arropa, ha sido clave: «Al verme que yo estaba bien, ellos también estaban bien». Desde el primer momento le dijeron que se quedaría en silla de ruedas para siempre, y su respuesta fue clara: «Me dije a mí misma que tenía que intentar no deprimirme ni pasarlo mal».
Hoy trabaja en el área de oftalmología infantil del Hospital 12 de Octubre y utiliza las redes sociales como «un altavoz muy potente» para dar visibilidad a la discapacidad, siempre con humor. Insiste en que su lesión «no me limita para hacer lo que quiero», y mira al futuro junto a Raúl, su pareja.
Puedes conocer toda su historia en la entrevista que le hicimos en Tododisca.




