Desde Tododisca lamentamos comunicar el fallecimiento de Cristian Lago Rodríguez, especialista en diversidad funcional y colaborador de este medio. Su pérdida deja un vacío enorme en la redacción y en el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad. Gracias a voces como la suya, la Ley ELA se discutió en España con una pregunta delante: ¿a quién protege de verdad?
Una formación al servicio de la inclusión
Cristian era de Barcelona. Se licenció en Psicología y completó dos másteres: uno en Psicología Clínica y de la Salud y otro en Investigación en Psicología Clínica. Después cursó el Executive MBA de ESADE, con varias becas de talento, entre ellas la Beca de Talento Diverso de la Fundación Universia.
Trabajó en la Fundación ECOM y cofundó la empresa social Singular Synergy, que creaba empleo para personas con discapacidad en riesgo de exclusión. También presidió una asociación que promovía la vida independiente y la contratación de asistentes personales. Asesoró a administraciones, universidades y empresas del sector turístico en políticas de inclusión. Él mismo se definía como «un activista que encuentra las mejores historias en la diversidad».
Su lucha por una Ley ELA que no llegara tarde
En Tododisca, Cristian escribió tres artículos que hoy se leen como un manifiesto.
En agosto de 2025, en «Una ley tardía y excluyente», lo dijo sin rodeos: «España llega tarde». Celebraba que por fin existiera una ley, pero criticaba sus criterios de acceso. Exigir una esperanza de vida inferior a 36 meses le parecía «cruel y arbitrario», además de médicamente impreciso. Obligar a cumplir todos los requisitos a la vez convertía la norma en «una carrera de obstáculos». Denunció que España dedica a los cuidados el 0,9 % del PIB, frente al 2 % de media europea. Y dejó una frase que resume su postura: España necesita asegurar «dignidad y calidad de vida, no solo muerte digna».
En septiembre, Hacienda decidió financiar la ley incluso sin Presupuestos, y Cristian publicó «Hacienda pone la pelota en el tejado de Sanidad y Derechos Sociales». Su argumento era que, con el dinero ya garantizado, la excusa presupuestaria había desaparecido. Pedía criterios no acumulativos y una escala funcional en lugar de plazos de vida. También pedía que nadie quedara excluido por recibir un tratamiento, y que hubiera equidad entre territorios. Insistió en que la ELA «no está sola». Puso como ejemplo la atrofia muscular espinal (AME), una realidad que la Ley de Dependencia nunca ha cubierto bien.
En noviembre, antes de la reunión de las comunidades autónomas sobre el Grado III+ de dependencia, firmó «Las comunidades autónomas deciden si ‘matan’ la Ley ELA o le dan una oportunidad». Rechazaba los copagos, que veía como un muro: muchas de estas enfermedades empiezan en la infancia y quienes las tienen apenas han podido ahorrar. Pedía que los cuidados de 24 horas se concedieran según el riesgo clínico y no según si la persona lleva respirador o traqueostomía: «Morir sin respirador existe». Recordó que la Ley ELA «no es un club cerrado». Y escribió: «Detrás de cada formulario hay tiempo de vida: estudiar, trabajar con apoyos, criar, amar, seguir aquí».
Un legado que sigue abierto
Cristian quería que la Ley ELA fuera «un punto de partida, nunca la meta». Defendió que el sistema mirara a las personas y no a las casillas de un formulario, y que se diera prioridad a la vida antes que al trámite. Esa es la tarea que nos deja.
En la redacción de Tododisca recordaremos su rigor, su valentía y su forma de escribir, que sabía hacer de cada dato una causa. Enviamos nuestro cariño a su familia, a sus amigos y a todas las personas que compartieron con él esta lucha.
Descansa en paz, Cristian.