David, padre de un niño con un 87% de discapacidad y movilidad reducida: «Nadie nos dijo que podíamos comprar el coche con el 4% de IVA»

David tiene 41 años y es padre de Martín, un niño de seis años con síndrome de West, una encefalopatía epiléptica que le provocó un importante retraso en el desarrollo. Martín no camina, se desplaza en silla de ruedas y tiene reconocido un 87% de discapacidad y la movilidad reducida.

Hace dos años, la familia tuvo que cambiar de coche porque la silla de Martín ya no cabía en el maletero. «Compramos un monovolumen grande pagando el IVA normal, el 21%. Seis meses después, en la sala de espera de rehabilitación, otra madre me preguntó si había pedido el IVA reducido. Ni sabía que existía», cuenta David a Tododisca.

«Fueron miles de euros»

«Hicimos números y fueron varios miles de euros. Para una familia como la nuestra, con terapias que pagamos de nuestro bolsillo, es muchísimo dinero. Me dio mucha rabia que nadie, ni en el concesionario ni en ningún sitio, nos lo explicara», lamenta.

David decidió contarlo para que no les pase lo mismo a otras familias. «Cuando te dan el diagnóstico de tu hijo, tienes mil cosas en la cabeza. Nadie te da un papel con todas las ayudas a las que tienes derecho», explica.

Las ventajas fiscales que existen

La Ley del IVA permite aplicar un tipo superreducido del 4% a la compra de vehículos destinados a transportar habitualmente a personas con movilidad reducida o usuarias de silla de ruedas, con independencia de quién conduzca. Para ello es necesario solicitar el reconocimiento previo a la Agencia Tributaria antes de la compra, y en general no puede haberse aplicado este beneficio a otro vehículo en los cuatro años anteriores.

Además, las personas con discapacidad pueden solicitar la exención del impuesto de matriculación y del impuesto municipal de circulación para vehículos a su nombre destinados a su uso, con requisitos que varían según el caso. A esto se suman, en algunas comunidades, ayudas para adaptar vehículos con rampas o plataformas, y la propia tarjeta de estacionamiento.

«Ya no podemos recuperar ese dinero, pero si esto sirve para que otra familia lo pida a tiempo, habrá merecido la pena», concluye David.