Daniel tiene 34 años y una lesión medular desde que sufrió un accidente de tráfico a los 26. Usa silla de ruedas, tiene reconocida la movilidad reducida y un grado de discapacidad del 85%. Conduce una furgoneta adaptada con rampa lateral, y para entrar y salir de ella necesita algo que mucha gente no ve: el espacio rayado que hay junto a las plazas reservadas. «La plaza es solo la mitad. La otra mitad es la zona por la que yo salgo», explica.
Según cuenta Daniel a Tododisca, el problema que más se repite no es un coche sin tarjeta dentro de la plaza, sino motos, patinetes y bicicletas aparcados sobre esa franja.
«La moto no estaba en la plaza»
La última vez fue a la salida de su trabajo. «Aparqué perfectamente en la plaza PMR, con la zona rayada libre. Cuando volví, alguien había dejado una moto justo encima de la zona de transferencia, la conocida por cebrada. Técnicamente no estaba en la plaza, pero me dejó sin poder bajar la rampa», relata.
Daniel tuvo que esperar casi una hora sentado en la acera. «No podía entrar en mi propia furgoneta. Llamé a un compañero para que me ayudara a mover la moto, pero pesaba demasiado. Al final vino la Policía Local y localizó al dueño», cuenta.
Un espacio que parece libre, pero no lo es
Esa franja con líneas blancas, conocida como zona de aproximación y transferencia, está pensada para que la persona pueda desplegar la rampa, abrir la puerta por completo o pasar de la silla al asiento. «Mucha gente cree que es un hueco que sobra. Para mí es la puerta de mi casa», resume Daniel.
La normativa estatal de accesibilidad en espacios públicos urbanizados exige que las plazas reservadas cuenten con esta zona de aproximación, con un ancho mínimo, y que estén conectadas con un itinerario peatonal accesible. Muchas plazas antiguas, sin embargo, no cumplen las dimensiones que marca el BOE.
También se puede sancionar
Ocupar la zona de transferencia puede ser sancionado como un estacionamiento indebido según la ordenanza de cada municipio, y el vehículo puede ser retirado si impide el uso de la plaza reservada. «No pido que nadie entienda cómo funciona una rampa. Solo que, si ves rayas blancas al lado de una plaza azul, no dejes nada ahí», concluye Daniel.