Irene, con un 48% de discapacidad y necesitando muletas para caminar: «La Consejería no me reconocía la movilidad reducida»

Irene es una ciudadana a la que le reconocieron un grado de discapacidad del 48%, debido a múltiples patologías. Sin embargo, se encontró con la sorpresa de que la Consejería no le reconocía la movilidad reducida, a pesar de necesitar muletas para caminar e incluso utilizar silla de ruedas para salir a la calle.

En concreto, Irene llevaba varios años conviviendo con un cuadro multipatológico: Fibromialgia, gonartrosis bilateral, discopatía lumbar degenerativa y artrosis. El dolor y las limitaciones físicas fueron aumentando con el paso de los años.

Grado de discapacidad del 48%

Sobre la situación de Irene, la abogada Marina Alaminos explica a través de su cuenta de Instagram (@marinaalaminos) que «necesitaba muletas para caminar, sufría dolores intensos y tenía grandes dificultades para subir escaleras o permanecer de pie». Además, añade que «para desplazamientos más largos necesitaba una silla de ruedas».

Esta ciudadana necesitaba ayuda de otras personas en muchas ocasiones y salir de casa se convirtió en un auténtico desafío para ella. Teniendo en cuenta su situación, decidió solicitar un grado de discapacidad.

Una vez que superó el proceso de valoración, la Consejería reconoció a esta ciudadana un grado de discapacidad del 48%. Irene se sintió muy satisfecha con este reconocimiento, aunque pronto descubriría una sorpresa inesperada: No le habían reconocido la movilidad reducida.

A pesar de sus dificultades de movilidad, la Consejería no le reconoció la movilidad reducida. Ante esta situación, decidió poner el caso en manos de la abogada Marina Alaminos. Irene no podía entender esta decisión de la Administración en relación a su caso.

La Consejería dio marcha atrás en su resolución de movilidad reducida

Cuando Marina Alaminos analizó su caso lo tuvo claro: «No teníamos que discutir por el porcentaje de discapacidad, teníamos que demostrar que la valoración del baremo de la movilidad no reflejaba sus verdaderas limitaciones«.

Antes de acudir a la vía judicial era necesario agotar la vía administrativa. Por ello, Marina Alaminos preparó y presentó una Reclamación Previa ante la Consejería correspondiente en relación al caso de esta ciudadana.

Respecto a este procedimiento, la mencionada abogada explica que «aportamos informes médicos actualizados y explicamos cómo el conjunto de sus patologías afectaba a su capacidad para desplazarse». En este sentido, añade que «había que demostrar realmente cómo era su día a día».

En esta ocasión, la Consejería mantuvo el grado de discapacidad del 48%. Sin embargo, dio marcha atrás en su reconocimiento inicial y reconoció la movilidad reducida a esta ciudadana. Irene consiguió que se le reconociera una realidad con la que convivía día a día, sin necesidad de tener que acudir a la vía judicial.

Como conclusión, Marina Alaminos menciona que «sus dificultades para caminar y desplazarse no habían desaparecido, pero ahora su resolución sí reflejaba las limitaciones y dificultades que realmente presentaba».

El reconocimiento de la movilidad reducida resulta muy relevante en muchas personas con discapacidad. Por ejemplo, Irene ahora podrá solicitar la tarjeta de aparcamiento para estacionar en plazas reservadas para personas con movilidad reducida (PMR). Es solo una muestra de las diferentes ayudas y beneficios habilitados para personas con movilidad reducida.