Lucía Martínez es una de esas personas que habla sin filtros ni tapujos sobre la vida. Sobre su vida. Hija única, vio como su padre perdería la vida en un quirófano siendo ella una niña; años más tarde, una lesión medular aparecería para ‘invitarle’ a vivir con la discapacidad.
Sin embargo, aquel diagnóstico, pese a su gravedad, no consiguió -ni antes, ni ahora ni lo hará nunca- borrar la sonrisa ni el buen carácter a esta joven madrileña, que trabaja como técnico de enfermería. Ahora, con 25 años, Lucía recuerda a la niña que fue y reconoce lo orgullosa que estaría por haber salido siempre adelante.
«A veces la vida te rompe donde más soñabas crecer«, indica en redes sociales (@luciamg_818) Lucía. Y a raíz de ahí, entendió cuál iba a ser la vocación para el resto de su vida: «Quería estar al lado de las personas en sus momentos más vulnerables, dar calma cuando todo duele y convertir el miedo en un poco de esperanza«.
Una vida dedicada a cuidar
En un reportaje para Tododisca, Lucía recuerda cómo fue aquella lesión medular que sufrió el 26 de junio del año 2020: «Se me había reventado un vaso sanguíneo y me había provocado una hemorragia epidural espontánea y tenía un coágulo gigante en la espalda que me había aplastado la médula espinal».
Años más tarde de haber encontrado su verdadera vocación en la vida, fue la misma vida quien se encargó de cambiar papeles: «Pasé de ser quien cuidaba a convertirme también en la persona cuidada«.
En ese momento, Lucía recuerda que «llegó la silla de ruedas, llegaron las dudas, el miedo, la rabia y los días en los que sentía que todo aquello por lo que había luchado se alejaba de mí«. Pero volvió ‘la Lucía‘ de siempre, acompañada del inconmensurable apoyo de su familia y de su pareja.
No obstante, y casi de forma paradójica, tras la lesión medular, esta joven madrileña entendió algo que es más fuerte que cualquier diagnóstico: «Una silla no limita el corazón de alguien que ha nacido para cuidar».
Ahora es la propia Lucía quien necesita ayuda en diferentes ocasiones. Es consciente de que su cuerpo y su vida han cambiado, pero, de la misma manera, expone que su propósito sigue intacto: «Cuidar no depende de unas piernas. Depende de la empatía, del respeto, de la humanidad y de la capacidad de mirar a un paciente y hacerle sentir que no está solo«.
Una joven con lesión medular, a su ‘yo’ del pasado
Cuando Lucía era una niña, seguramente soñaba con ser una gran profesional del ámbito sanitario y una grandísima persona, pero Lucía actual ha puesto el listón tan alto que aquella ‘pequeña’ debió soñar muy, muy en grande.
«Mientras me queden fuerzas, voy a seguir dando todo de mí para que cada persona a la que atienda se sienta escuchada, comprendida y tratada con la dignidad que merece», confirma Lucía Martínez, una técnico de enfermería con lesión medular.
Por ello, valora que cuando mira a su ‘yo’ del pasado, «sé que estaría orgullosa. Orgullosa de no haberme rendido. Orgullosa de haber convertido el dolor en vocación. Orgullosa de seguir adelante incluso cuando la vida se puso cuesta arriba«.
Finalmente, ‘amenaza’ con continuar quemando etapas y seguir logrando metas y objetivos en la vida: » Todavía me queda muchísimo por conseguir». Y Lucía lo hará con la bondad, la sonrisa y el amor que profesa a cada paciente que se cruza con ella.






